16 de agosto de 2023

A todo color


 Volvíamos de jugar al pitch and putt. A las 22 la pantalla del navegador del coche se puso en blanco y negro. "Es mi móvil", aclaró J., el conductor, "a las diez se me pone en escala de grises, lo que me ayuda a mirarlo menos y prepararme para irme a dormir".

La idea me gustó, y me puse el móvil en escala de grises, pero no por la noche, sino todo el día. Llevo así dos días. Llámame loco, pero ahora cuando dejo de mirar la pantalla y me fijo en las cosas y en la gente las veo más coloridas, más vivas e interesantes. Lo contrario de lo que me pasaba antes, cuando los colores vivos y el brillo de la pantalla me hacían ver las cosas a mi alrededor más grises y aburridas.

Acabo de ponerme en escala de grises también el portátil. No sé si estoy llevando el tema un poco lejos, el tiempo lo dirá. En cualquier caso, este sistema de ensayo y error para mantener a raya la tecnología me divierte

Como otras veces, cierro esta entrada con un escolio de Gómez Dávila que leí el otro día: "quien pretenda montar guardia en los desfiladeros de su alma debe aprender a morar entre roquedos". Es un cierre algo pedante, pero ahí queda.

(PD. La nueva configuración de mi pantalla me impide saber si la foto que encabeza estas líneas es en blanco y negro o no. Era la idea).

7 de agosto de 2023

Álvaro D'Ors. Sinfonía de una vida.

 


Álvaro D’Ors. Sinfonía de una vida.

Rialp. 2020. 716 páginas.

Como un medio de crecimiento profesional, Kevin Majeres recomienda leer biografías de personas que han trabajado en lo mismo que uno y pueden servirle de referente, modelo o inspiración. Me pareció una idea sugerente, y este mes me he leído una biografía de Álvaro D’Ors, un insigne romanista que trabajó en las Universidades de Santiago de Compostela y de Navarra. Aunque no me dedico al Derecho Romano, el personaje me resultaba de entrada atractivo, tanto por su prestigio en ciertos sectores universitarios como por ser el padre de Miguel D’Ors, uno de mis poetas preferidos. Uno de los únicos poetas que he leído.

La biografía, de más de 700 páginas, me ha dejado bastante frío. El libro está bien escrito. El avance cronológico es razonable. Te enteras de quién era D’Ors y –más o menos- de cómo era el entorno familiar, académico, social y político en el que se desenvolvió. Hasta aquí todo bien, todo correcto.

El problema es que el libro no te da nada más. Le falta pulso, vida. En sus 700 páginas no encuentras personajes secundarios interesantes o atractivos; no se describen con alma relaciones fuertes, significativas; no hay anécdotas memorables o divertidas. El libro no transmite ninguna emoción. Tras dar la vuelta a su última página (la 716, que se dice pronto) no tienes ningunas ganas de conocer al biografiado ni a ninguno de sus familiares o amigos, ni te sientes invitado a emular sus virtudes o actitudes frente a la vida.

La imagen de D’Ors que transmite la biografía es la de una persona tan recta y trabajadora como cuadriculada y aburrida. No conocí a Álvaro D’Ors, pero teniendo en cuenta la familia que fundó, su prestigio profesional y la estela de discípulos que dejó, estoy seguro de que fue una persona generosa, encantadora y carismática. Lástima que esta pulcra biografía no sea capaz de reflejar el atractivo y la potencia de su personalidad.

Vamos a ver qué otra biografía de jurista me busco para seguir a mi líder Majeres, y si me resulta un poco más estimulante. Quizá si en vez de ser profesor de Derecho Administrativo fuera astronauta o inventor la búsqueda sería más fácil. Qué se le va a hacer.