25 de febrero de 2010

Pascua



Conversando con T, me cuenta algunas costumbres bien indecentes de conocidos suyos. Aunque uno nunca se acostumbra a estos relatos, tampoco hay nada nuevo bajo el sol, y bien pensado, estos comportamientos desenfrenados son la cosa más común. Con Dios enterrado bien hondo y Aristóteles de vacaciones, lo único que nos queda es el momento presente. Si ya no hay alma, entonces hay que exprimir el cuerpo. Aquí-ahora-más.

Y así se va arrojando en la caldera del deseo la madera del tren sin ningún reparo y sin ningún límite. Pero… ¿y cuándo ya no quede más madera? ¿Y cuándo el tren se haya consumido irremediablemente, y la locomotora yazca en una vía muerta sin recursos, sin esperanza, sin nada entre las manos?

Quién sabe, a lo mejor entonces se asome una amapola entre las traviesas. Quizá para entonces quede gente con acopio de ternura, que esté dispuesta a compartirla sin pedir nada a cambio. Pobres, cobardes, supersticiosos, ingenuos, que con una sonrisa repitan su cantar: “siempre es un buen momento para empezar de cero, la mañana de pascua se reedita en el tiempo”.

1 comentario:

Miguel Fabra Pérez dijo...

sehr gut juan!