11 de julio de 2026

Todavía hay personas buenas en el mundo

 


L. se acaba de romper el tendón de Aquiles y va escayolado hasta la rodilla, caminando con una especie de pata de palo que le ahorra llevar muletas y le permite utilizar las manos.

Tras una semana de insistencia, hace un par de días decidió comprarle a su hijo de 7 años un álbum de cromos de la liga. Con 35ºC grados a la sombra se echó a la calle con la criatura, arrastrando su escayola y su pata de palo bajo el inclemente sol de julio. Para cuando ganó el kiosco más cercano, sudaba como un gorrino. Por lo visto, un cliente que hacía cola les regaló cuatro sobres de cromos, al ver la ilusión del niño. L. intentó resistirse, pero el benefactor le dijo que recordaba su ilusión por las colecciones cuando era niño –ese inconfundible olor de los sobres de cromos de panini-, y que por favor aceptara los cromos.

De vuelta a casa, el niño comprobó que los 15 cromos que tenía en casa eran de otra colección y que el álbum no servía. Se cogió una perra monumental y estuvo media hora llorando de forma inconsolable. Para cuando el niño dejó de llorar, L. seguía sudando. Sobre todo por dentro de la escayola. Los dedos del pie le picaban una barbaridad.

A esa misma hora, el hombre de los cromos se tomaba un vermú fresquito con aceitunas en la terraza climatizada de su casa, regodeándose en su buena obra el día mientras su gato pequinés ronroneaba plácidamente a sus pies.

Todavía hay personas buenas en el mundo.

No se mira igual


Escuchamos en las noticias que se reactiva la guerra entre Estados Unidos e Irán. Hay bombardeos y se cierra de nuevo el estrecho de Ormuz. Manifestantes iranís piden la muerte de Trump. Sube el precio del petróleo, bajan las bolsas.

- Qué pena. A ver cuándo termina esto –comento.

- El índice VIX de volatilidad de los mercados ha subido un poco –responde J.-, pero sigue por debajo de 20. Mientras no llegue a 25 no me preocupa demasiado.

Es lo malo de tener dinero.

El Batavia. Un libro tremendo

 

Acabo de terminar uno de los libros que más me ha impresionado últimamente: El Batavia. Narra la historia del naufragio de un barco holandés en cuatro islotes frente a las cosas occidentales de Australia, y de lo que sucede entre los supervivientes hasta que son rescatados (aquí, un breve resumen de la historia). Simplificando mucho, un alto funcionario llamado Cornelizs se hace progresivamente con el poder e instaura un régimen de terror espeluznante, en el que sus secuaces van asesinando progresivamente al resto de supervivientes –niños incluidos- para evitar que se acabe el agua y la comida. Es una versión real de El Señor de las Moscas. Un régimen político totalitario en miniatura, desarrollado en apenas un mes y medio.

Lo que más me impresiona de la historia no es la crueldad de Cornelizs y su banda de asesinos, sino la cobardía de las víctimas, quienes, presas del miedo, son incapaces de rebelarse contra los atropellos, aun cuando ven ante sus ojos cómo asesinan a sus hijos o prostituyen a sus mujeres. Mientras lo lee uno se subleva y piensa que, de haber estado allí, habría reaccionado de otra manera más valiente, más astuta. Aun cuando ese arrojo hubiera ocasionado la muerte. Más vale morir de pie que morir de rodillas. Sin embargo, también se sospecha que quizá no. Que quizá hubiéramos sido tan cobardes como el resto; o, aún peor, que quizá nos hubiéramos sumado a la banda de los asesinos, con tal de salvar el pellejo y poder comer. Hasta que uno no afronta determinadas pruebas no sabe con certeza cómo reaccionará.

En la historia hay también un bando bueno, representado por un grupo de soldados y supervivientes que son “desterrados” a una inhóspita isla cercana con intención de dejarles morir de hambre y sed, pero que encuentran agua y son capaces de plantar cara a Cornelizs y sus sus compinches. Su líder, un soldado valiente con dotes de liderazgo, consigue salvar la vida de sus compañeros y arruinar los planes de los sublevados.

Lectura dura, pero recomendable. Ayuda a asomarse al fondo del corazón humano.