22 de enero de 2026

Notas de una vida - Conde de Romanones

 

.      Notas de una vida. Conde de Romanones.

Marcial Pons, 1999, 552 p. 

Creo que movido por la sonoridad del nombre, así como por la celebridad de una cita (“hagan otros la ley, déjenme a mí el reglamento”), desde hace un tiempo sentía una cierta curiosidad por este personaje de la restauración, uno de los sucesores de Sagasta al frente del partido liberal.

Pues bien, tras buscar en la biblioteca de la universidad topé con unas memorias de 500 páginas, que me han parecido muy sabrosas. Romanones fue un político liberal de gran relevancia en el primer tercio del siglo XX. Además de alcalde de Madrid, presidente del congreso y del senado, ocupó la presidencia del gobierno hasta en tres ocasiones. Tuvo el honor de ser el único diputado que defendió al rey Alfonso XIII frente a las Cortes republicanas, en 1931.

Las memorias están escritas en un tono personal, ligero y fresco, con una prosa muy rica. Da envidia cómo una persona es capaz de escribir con tanta soltura y precisión. Sus páginas destilan experiencia política, sabiduría, cultura y una fina ironía. Leyéndolas, se percibe que Romanones no fue un intelectual ni un teórico, sino una persona de acción, pragmática, enamorada de la política y buena conocedora del corazón del hombre (y del elector, como buen cacique). Me ha llamado la atención que la mayoría de referencias a coetáneos protagonistas de la vida política española son positivas, sean compañeros o rivales políticos. Sin esconder los defectos de las personas, las mira con comprensión, alabando sus virtudes y justificando o relativizando lo que él percibe como defectos.

La lectura de las memorias ayuda a entender los últimos años de la monarquía, la llegada y el ocaso de la dictadura de Primo de Rivera, y la irrupción de la segunda república. Tras leerlas, uno sitúa un poco mejor a Cánovas, Sagasta, Canalejas, Dato, Primo de Rivera y compañía.

Me gustaría escribir mejor para explicar de forma más elocuente por qué me ha gustado tanto esta autobiografía, pero últimamente estoy romo con las palabras. No pasa nada. De todas formas, la recomiendo vivamente a quien la guste la buena prosa y a quien tenga interés por la política o la historia.

Dejo aquí algunas citas del libro, que reflejan bien el estilo del conde:

p. 16. Hablando del silencio, cita y glosa un consejo leído en los muros del claustro de un convento toledano:

El silencio más profundo / es retórica excelente, / para con Dios elocuente / y discreta para el mundo.

Nada hay, en efecto, más discreto que el silencio, ni más útil, sobre todo en política. El silencio se traduce no pocas veces por prudencia y por profundidad en el pensar. ¡A cuántos he visto medrar en política y alcanzar fama de talentudos sólo por recatar su pensamiento, para ellos tarea fácil, pues aquél era, por su volumen, fácil de esconder!

p. 19. De tener “buenos los remos” (hace referencia a la cojera que padeció desde pequeño a causa de un accidente), es posible que hubiera sido mi afición favorita la del toreo, que el toreo es lucha de verdad, y la lucha ha sido para mí el mayor atractivo de la vida.

También se torea en política; ella, a su vez, es combate constante y a muerte, y en ella, en definitiva, como en la plaza, el supremo juzgador lo es el pueblo soberano.

El toreo, como la política, requiere vista para entrar a tiempo en la suerte; corazón para rematarla; técnica para despegarse del enemigo; agilidad de brazos para vaciarlo, evitando el embroque; oportunidad para entretenerlo dándole una larga, y tantas otras cosas muy parejas. En la plaza y en el Parlamento existe igual emulación entre los primeros espadas y los oradores cumbres; igual sed de aplausos y las mismas envidias y soberbias; y hasta no falta la pugna de los jóvenes queriendo desplazar a los viejos; y hasta el choque entre la escuela antigua y la moderna”.

p. 80. Sobre la dificultad que encontraba en estudiar expedientes. Claramente, no era hombre de flexo.

Confieso que si mi vida como alcalde estuvo siempre llena de actividad, ésta se ejercitaba principalmente sobre el terreno, resolviendo de visu todos los problemas; el estudio de los expedientes en la mesa de la Alcaldía, como después en los ministerios, me ha producido invencible horror y nunca tuve fuerzas para concluir la lectura de uno de ellos.

Sacar solo estas tres citas de 500 páginas llenas de contenido resulta un poco humillante. Así está la cosa. Y aquí están. Algo es algo y menos da una piedra.

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