Este verano me voy unos días a Mallorca. Ayer pasé por Decatlón para comprarme unas gafas de bucear y un tubo. Al salir de la tienda con ellos en la bolsa me di cuenta de que en ese preciso instante empezaba el verano. Esta noche, todavía sin estrenar mis nuevos adminículos, ya he dormido muchísimo mejor, tal es el efecto balsámico de las gafas y el tubo en mi córtex prefrontal.
De ahora en adelante pienso repetir el gesto cada año, aunque me vaya de vacaciones a Londres, al Pirineo o a Almazán (Soria), y tenga que tirar las gafas en la primera papelera que encuentre. Qué más dará.
Gafas de bucear y tubo. O flamenco hinchable (e hinchado al salir y cruzar el umbral).
Gestos nítidos. Ideas claras. Señales unívocas. Mensajes inconfundibles que enviamos a nuestro cerebro para que se centre en lo importante y aprenda a soltar.
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Corriendo por el parque a eso de las 11 vi la siguiente escena: cuatro o cinco adultos sentados en la típica mesa de madera con bancos corridos de parque. En la cabecera, hundida en su silla de ruedas, una venerable anciana de unos 90 años, muy sonriente y con una corona plateada de plástico adornando su cabeza. Hacía mucho calor, pero todos parecían muy contentos. Feliz cumpleaños.

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