19 de enero de 2009

Poesía e IPC




El otro día le pregunté a mi hermana pequeña –quince años- qué era lo último que había aprendido de memoria en el colegio. En mi ingenuidad, esperaba la declamación de un poema de Bécquer, la definición de una figura literaria –aliteración, hipérbaton-, el proceso de la mitosis… Creo que en el fondo, tenía la remota ilusión de coincidir con ella en la página de alguno de mis antiguos libros del colegio…

Mariola contestó:

- He aprendido lo que es el IPC. Es un indicador que muestra la evolución del nivel general de precios a partir de un año base y de una muestra representativa de productos.

Fue un golpe muy duro. Se me atragantó el espagueti, y casi no me repongo. Pero bueno, bebí algo de vino de mi vaso, tragué saliva, y volví a la carga:

- Oye, Moli, ¿y algún poema?

- Aprender de memoria un poema… ¿para qué?

Pues así nos luce el pelo. Cuando sólo aprendamos cosas útiles, cosas que sirven para algo, habremos terminado de volvernos idiotas. ¿Magia? Dinero ¿Misterio? Ciencia ¿Amor? Placer ¿Bien? Interés ¿Sabiduría? Información.

Dios ha muerto, y en su lugar están los hombres grises, vestidos de negro, con el símbolo del dólar en las pupilas. A nosotros nos queda la mirada del Marte de Velázquez, de la joven prostituta que sabe que ya todo tiene un precio.

Groucho, todavía en su locomotora, descubrirá que ya no hay más madera, que ya no queda tren, tampoco vía, que alimente la caldera de este estúpido progreso sin parada y sin destino.

31 de diciembre de 2008

Feliz año nuevo a todos

Muy grande la felicitación de navidad y año nuevo del Colegio de Arquitectos de Valencia. Con la que está cayendo, el tío que diseñó la felicitación no ha perdido el buen humor. Buena cosa.


20 de diciembre de 2008

Crisis, What crisis?



Los jugadores del Valencia se hacen fotos con niños con síndrome de Down para un calendario solidario. Se trata de conseguir fondos para ayudar a estas personas y sus familias a llevar una vida lo más normal posible. Cuidemos a los débiles. Acompañemos a la gente con problemas.

El 96% de embriones con síndrome de Down -diagnosticado a través de la amniocentesis- son eliminados antes de nacer. Matemos a los débiles. Evitemos los problemas.

Y todo esto está sucediendo sin ningún chirrido en nuestra masa neuroencefálica, que está demasiado ocupada en:

- convertir los €uros en pesetas para calcular nuestra nómina mensual;

- decidir que actriz de Holliwood es la más sexi;

- imaginarnos Vicente del Bosque y planear el asalto al Mundial de 2010.

La crisis no está en nuestros bolsillos, está en nuestros jodidos cerebros.

11 de diciembre de 2008

McDonalización



Estamos McDonalizándonos. Queremos todo rápido, fuerte, y ahora. Nos aburre esperar al solomillo. No nos gusta acostumbrarnos al vino. Queremos coca-cola, sensaciones fuertes en nuestro paladar. Sexo, erotismo, sensualidad, no cariño sereno y paciente. Queremos mil canciones en el iPod, aunque nunca terminamos de oír cada canción, siempre pasamos a la siguiente.

O nos sometemos a una fuerte disciplina sensorial, o estragaremos nuestros paladares con las miles de sensaciones fuertes –huecas- que nos asaltan cada día. Nos convertiremos en auténticos imbéciles, que no habrán leído una poesía en su vida.

No te McDonalices. Ayuna sensorialmente. Entrénate para estar con los más grandes. No veas el mail tres veces al día. Rompe tu iPod. Vacía de canciones el disco duro de tu ordenador. NADIE PUEDE HACERLO POR TI. Postmodernidad: decadencia o resistencia.

2 de diciembre de 2008

El yelmo de Mambrino

Cuando uno no está en sus mejores momentos recurre a sus amigos. Últimamente estoy poco inspirado, así que me conformo con ir colgando frases de algunos de mis amigos. Espero que os hagan pensar, como a mí... y así este blog sigue cumpliendo -si bien de segunda mano- su objetivo.





Claudio Magris escribe en Utopía y desencanto:
En el desencanto, como en una mirada que ha visto demasiadas cosas, se da la melancólica conciencia de que el pecado original ha sido cometido, de que el hombre no es inocente y el yelmo de Mambrino es una bacía. Pero se da también la conciencia de que el mundo de vez en cuando es tan encantador como el Edén, de que los hombres débiles y malvados son también capaces de generosidad y amor, de que un cuerpo efímero y mortal puede ser amado con pasión y el yelmo de Mambrino, aun inencontrable, refleja su resplandor en cazuelas oxidadas.

Y una canción de Calamaro. El vídeo es ochentero y algo barato, pero la música está muy bien.




19 de noviembre de 2008

Don Juan vs Don Quijote



Pedro Salinas escribe en el defensor, a propósito de nuestra idolatría a la cantidad:

En este Olimpo de monstruos hay uno tan grande como el que más, el mostruo, el dios de la cantidad. Él es el que nos invita a resbalar hacia la catásrofe, poniéndonos a los pies de ese deslizadero, esa falaz ecuación: más, igual a mejor. Ajustémonos a semejante insidia, y la vida del hombre consistirá en aumentar y no en mejorar, en acrecentar, no e perfeccionar. Don Juan contra Don Quijote: la lista de las mujeres conquistadas, el número, sin nombres, las cualquieras, contra la mujer de perfección contra la única, la súper Aldonza, Dulcinea.

Y está muy bien dicho.

13 de noviembre de 2008

Pues sí, pues sí



Escribiendo mi tesis doctoral –perdonad el tono grandilocuente, he de justificar de algún modo mi mileurista nómina mensual- leo a J. CREMADES: “la expresión necesita del anterior momento de la concepción, de la reflexión, del pensamiento en definitiva”.

¿Ah, sí?

Este hombre debe ser un ingenuo o un marciano.

Otras cosas. Una nota musical que me ha hecho gracia: “no entiendo lo que has visto en aquel tipo del chaqué”, dice Melendi. Buen tema. Cazar al rececho: lo contrario que al acecho. Persiguiendo la presa. Se lo debo a Miguel Delibes. No podemos dejar que se oxiden las palabras.

30 de octubre de 2008

El inexorable termómetro





Llega el frío, y con él los primeros costipados, catarros y trancazos. Palabras éstas cargadas de reminiscencias infantiles, pies fríos y cabeza caliente, remotos aromas a mentol -bip vaporub-. Mañanas en la casa desierta y sin hermanos, con una mezcla de malestar general y alegría fatigada por no estar en el colegio, compartiendo esfuerzos con los adláteres, sino en la butaca, viendo la tele y sesteando como un gorrinillo entre las mantas y los cojines.


Pero vamos a nuestro tema. El inexorable termómetro. Cuando uno se va encontrando mal, y las sensaciones de frío y calor se alternan, y nos ponemos o quitamos el jersey, pero nunca acertamos con la temperatura justa. La cabeza nos retumba y el moquillo se nos cae. Entonces uno, ya cansado, decide enfrentarse al objetivo juicio del termómetro, frío y cerebral. Una vez instalado el termómetro en el recoveco conveniente -hay varias escuelas-, la espera es plácida, pero a la vez dura. Es un impass que separa el edredón mullidito de la vuelta al deber. La palmada en el hombro: "eres un machote, sigue aguantando", de la burla impía: "llorón, estás perfectamente". Y claro, a uno no le queda otra escapada que desear ardientemente tener fiebre, que el aparatejo le dé la razón, que le diga: "tío, no eres un quejica, estás echo polvo". Uno quiere un aval, un reconocimiento, una coartada. Es absurdo, pero si el termómetro marca 38º nos sentimos alegres, triunfantes y satisfechos. Si pasamos de 38.5º hemos cosechado un triunfo inapelable. Sin embargo, sabemos que si el termómetro nos dice que estamos bien, habremos sido derrotados. Temperaturas entre los 37.1 y 37.4 son un justo medio que ni cautiva ni convence. Aquí es cuestión de todo o nada.


Siempre miramos la temperatura con gesto de desdén, como si nos importara gran cosa lo que diga el termómetro. Pero por dentro nos consumimos, ansiosos por saber el veredicto. Y si el de al lado nos dice: "¿qué?", sólo nos queda mirarle triunfantes, o bien bajar los ojos, encogernos de hombros, y pensar para nuestros adentros que quizá si hubiéramos aguantado con el aparato bajo el sobaquillo un par de minutos más otro gallo nos cantaría. Y aguantar hasta la cena y mañana será otro día.


Así somos. Tan humanos.

18 de octubre de 2008

El primer bebé medicamento




Muchos motivos para sentarme a escribir esta semana.

Ha nacido el primer bebé medicamento en España. Se fecundan varios óvulos. Se elige el embrión libre de la enfermedad hereditaria. Se implanta en la madre. Se eliminan los embriones producidos que sí tienen la enfermedad, y los embriones sanos que sobran. Todo el mundo aplaude, menos los recalcitrantes obispos. Fotos de los padres tan sonrientes, del bebé, como para comérselo. Y elogios a los médicos. Viva la ciencia. Los embriones en el cubo de la basura no hacen ruido. Los judíos del getto de Varsovia tampoco. Los negros de las pateras tampoco. Son los excluidos de nuestro mundo technicolor, sentimental y fluorescente. No dan la talla, no tienen los ojos azules. Joder, ¿qué podemos hacer para frenar esto?

14 de octubre de 2008

Y para qué tanta información?




La información no nos convierte en más sabios ni en más honrados si no nos acerca a los hombres. Pues, con la posibilidad de acceder a distancia a todos los documentos que necesitemos, aumenta el riesgo de deshumanización. Y de ignorancia. Se puede desconocer el mundo, no saber en qué universo social, económico y político vivimos, y disponer de toda la información posible.

José Samarago



Y también:

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde está el conocimiento que perdimos en la información?


T. S. Elliot


Pues eso.