30 de agosto de 2017

Revelar fotos - Hacer una cadena - Que las cosas maceren



Hoy he ido a revelar unas cuantas fotos chulas que tenía en el móvil. Algunas las regalaré a amigos. Otras las pondré en un marco de los chinos. Y otras las guardaré en un cajón con otras que ya tengo, y que de vez en cuando repaso. Estoy contento: las he rescatado del olvido. De no haberlas revelado, las habría perdido, como tantas otras, sepultadas en usbs perdidos, en móviles sumergidos o en ordenadores estropeados. Estas ya no se me escapan. Y en unos años serán el hilo conductor de mis recuerdos de estos años.

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Hacer una cadena mola. No me refiero a la cadena de montaje del estilo: estamos haciendo mojitos, yo pongo hielo, tú azúcar, tú ron, etc., sino a la cadena más sencilla para pasarse cosas. Del pequeño caos inicial -al recoger la mesa, colocar sillas para un evento, o lo que sea- se pasa a una organización de lo más sencilla y efectiva. Si el trabajo acaba rápido, uno comenta: "mira qué bien, en un periquete lo hemos dejado listo". Si por el contrario se trata de una tarea larga, la cadena cobra una cadencia muy gratificante. Aunque el trabajo requiera esfuerzo, el ritmo y el balanceo de la cadena ofrecen una sensación de lo más satisfactoria. Es curioso además que cuando el primer dolorcillo ataca los riñones o los músculos de los brazos, la sensación de felicidad incrementa. No sé por qué, pero hacer una cadena mola. Me preguntó quiénes fueron los primeros seres humanos que hicieron una cadena. Unos pioneros, sin duda.

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Este curso me he propuesto hacer un pequeño resumen o comentario de los libros que leo. No para dar la paliza al personal -de hecho, no pretendo que la gente los lea-, sino fundamentalmente para dejar que esas lecturas y películas reposen, como las paellas. La idea es evitar el ir saltando de una lectura a otra atolondradamente, como un pollo sin cabeza. Veremos si soy capaz de cumplirlo.

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