4 de abril de 2022

No-cosas. Pues bueno

 

No-cosas
Byung-Chul Han
Taurus, 2021

Como todo el mundo habla del coreano tenía intención de leer algo suyo. Este último título, además, hace referencia a la desmaterialización a la que asistimos en nuestra sociedad de la información y la informática, con lo que pensé: “esta es la mía”.

El libro me ha dejado un poco igual. Vamos, que no he entendido gran cosa. Antes de repasar las citas que he ido acumulando, compendio las dos o tres ideas vagas que he sacado.

  1. Las cosas molan. Portan historia, resistencia, tradición y recuerdos. Identidad. Las pantallas y el mundo digital, sin embargo, son fríos, asépticos, superficiales. Nos dejan sin raíces ni identidad.
  2. El mundo de la belleza y la cultura es el mundo de lo erótico. No todo se muestra ni se dice. Hay cosas veladas, intuidas, que progresivamente hay que vislumbrar. En el mundo de lo erótico no todo es unívoco. Por el contrario, el mundo digital nos empuja a lo pornográfico: todo se muestra de forma unívoca, sin misterio, sin veladuras. Se pierde el misterio de lo humano. La cultura se mercantiliza.
  3. El silencio nos invita a lo sagrado, a lo alto. El ruido ensucia y distrae. Con tanto ruido no se puede rezar ni valorar la belleza. La capacidad de resistir en silencio frente a los estímulos ruidosos es propia de la aristocracia.

Esto es más o menos lo que he sacado de la lectura. Igual intento establecer una relación más cercana con las cosas y guardar un poco más de silencio. No prometo nada en cuanto a llevar una vida más erótica, si bien mi compromiso contra la pornografía sigue incólume.

Otra cosa me llevo. Cuando alguien vuelva a hablar del coreano podré entornar un poco los ojos y hacerme el interesante.
 

Aquí van algunas citas:
p. 18. En el mundo controlado por los algoritmos, el ser humano va perdiendo su capacidad de obrar por sí mismo, su autonomía. (…) La información por sí misma no ilumina el mundo. Incluso puede oscurecerlo. A partir de cierto punto, la información no es informativa, sino deformativa. Hace tiempo que ese punto crítico se ha sobrepasado.

p. 19. TODO LO QUE LLEVA TIEMPO ESTÁ EN TRANCE DE DESAPARECER. Hoy las prácticas que requieren un tiempo considerable están en trance de desaparecer. También la verdad requiere mucho tiempo. Donde una información ahuyenta a otra, no tenemos tiempo para la verdad. (…). La confianza, las promesas y la responsabilidad también son prácticas que requieren tiempo. Se extienden desde el presente al futuro. Todo lo que estabiliza la vida humana requiere tiempo. La fidelidad, el compromiso y las obligaciones son prácticas que asimismo requieren mucho tiempo.

20. Lo que destruye la información. La información nos hace miopes y precipitados. Es imposible detenerse en la información. La contemplación detenida de las cosas, la atención sin intención, que sería una fórmula de la felicidad, retrocede ante la caza de información. Hoy corremos detrás de la información sin alcanzar un saber. Tomamos nota de todo sin obtener un conocimiento. Viajamos a todas partes sin adquirir una experiencia. Nos comunicamos continuamente sin participar en una comunidad. Almacenamos grandes cantidades de datos sin recuerdos que conservar. Acumulamos amigos y seguidores sin encontrarnos con el otro. La información crea así una forma de vida sin permanencia ni duración.

34. El Smartphone refuerza el egocentrismo. Los continuos toqueteos y deslizamientos sobre el Smartphone son un gesto casi litúrgico que masifica la relación con el mundo. La información que no me interesa la borro en un instante. En cambio, los contenidos que me gustan puedo ampliarlos con los dedos. Tengo el mundo completamente bajo control. El mundo tiene que cumplir conmigo. El Smartphone refuerza así el egocentrismo. Al tocar su pantalla, someto el mundo a mis necesidades. El mundo parece estar digitalmente a mi entera disposición.

39. DISPONIBILIDAD – SERVIDUMBRE. La continua accesibilidad no se diferencia en gran medida de la servidumbre. El Smartphone se revela como un campo de trabajo móvil en el que nos encerramos voluntariamente.

84. El arte no debe instruir, sino seducir.

98. Silencio – olvido de sí mismo. Hiperproducción del EGO. Ya no conocemos ese enmudecimiento sagrado que nos eleva a la vida de la divinidad, al cielo del hombre. El feliz olvido de sí mismo da paso a la excesiva autoproducción del ego. La hipercomunicación digital, la conectividad ilimitada, no crea ninguna conexión, ningún mundo. Más bien aísla, acentúa la soledad.

102. El silencio, conquista aristocrática. Según Nietzsche, es propia de la “cultura aristocrática” la capacidad de “no reaccionar enseguida a un estímulo”. Ella controla “los instintos que ponen obstáculos, que aíslan”. “A lo extraño, a lo nuevo de toda especie se lo dejará acercarse con una calma hostil”. El “tener abiertas todas las puertas”, el “estar siempre dispuesto a meterse, a lanzarse de un salto dentro de otros hombres y otras cosas”, es decir, la “incapacidad de oponer resistencia a un estímulo”, es una actitud destructiva para el espíritu. La incapacidad de “no reaccionar” es ya “enfermedad”, “decadencia”, “síntoma de agotamiento”. La permisividad y permeabilidad totales destruyen la cultura aristocrática. Cada vez perdemos más los últimos instintos de aislamiento, la capacidad de decir no a los estímulos intrusos.

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