16 de febrero de 2020

Paradoja


Al terminar la conferencia, me obsequiaron con una botella de vino guardada en una bolsa de Decatlón.

Happycracia

He leído hace poco el libro "Happycracia: cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas". Dejo a continuación un comentario y algunas citas del libro, utilizando el blog a modo de almacén.




Título en versión original: Manufacturin Happy Citizens. How the Science and Industry of Happiness control our Lives
Autores. Edgar Cabanas y Eva Illouz.

El libro de Cabanas e Illouz supone una impugnación de la obsesión por la búsqueda de la felicidad que parece extenderse en las sociedades de Primer Mundo. Para los autores, el sentido de la vida no consiste en perseguir una felicidad individualista a cualquier precio, sino en un compromiso moral con la justicia y el conocimiento.

Aquí van algunas de las ideas más destacadas del libro.

CONTRAL DICTADURA DEL PENSAMIENTO POSITIVO. Los autores critican desde el punto de vista científico la llamada psicología positiva, que pretende resolver todos los problemas sociales y personales mediante una actitud individual optimista y proactiva, que, ante el mal tiempo, pone buena cara.

Sin negar que la actitud personal sea importante para desarrollar una vida plena, el libro subraya que la actitud personal no es la llave para abrir todas las puertas. En este sentido, los autores pretenden desmontar la ecuación que asocia el éxito o fracaso de una vida exclusivamente con la responsabilidad personal y la actitud del individuo. Esa asociación, tan propia del sueño americano, no siempre es real. Ni todos los triunfadores son virtuosos y felices; ni todos los fracasados –sean pobres, enfermos, desgraciados, o gente corriente- son mediocres, tibios, tristes. Existen factores externos a la voluntad de las personas –ya sean sociales, genéticos o de fortuna- que inciden en su éxito o su fracaso, de forma que reducirlo todo a un problema de actitud es falaz.

CONSUMISMO. El libro también se muestra crítico con la vertiente mercantilista de la “happycracia” imperante, que tiende a cifrar la felicidad en la capacidad económica y promueve un estilo de vida consumista, con los que mantener una imagen pública de felicidad y alegría.

HAPPYCRACIA COMO FRENO AL CAMBIO SOCIAL. Otro peligro de la happycracia es que tiende a esconder o ignorar los problemas e injusticias sociales. Si la causa del fracaso personal radica, fundamentalmente, en la falta de actitud happycrática del individuo, la solución deberá ofrecerla él personalmente, con un cambio de actitud. Bajo este prisma, es difícil denunciar las injusticias y fallas del sistema. Así, la temporalidad en los contratos de trabajo; la competitividad rampante en el mundo laboral; los bajos salarios; la soledad de las personas mayores… han de ser gestionados por las personas con una actitud positiva, proactiva, resiliente. Todo menos reconocer que las sociedades neoliberales –a menudo- abocan a los individuos a existencias agotadoras, solitarias, inestables y atomizadas. Quizá, en lugar de insistir en la lucha individual por la felicidad personal, deberíamos redescubrir los vínculos que nos unen y dan sentido a nuestra vida: familia, sociedad, religión.

INDIVIDUALISMO. La filosofía que late detrás de la happycracia nos impulsa cada vez más a proyectar la vida en términos puramente egoístas e individualistas: el trabajo como nuestra carrera profesional; la educación, como la construcción de nuestras competencias; la salud como resultado de hábitos de vida saludables; el amor, como bienestar afectivo personal… La ciencia de la felicidad identifica la misma con valores exclusivamente individualistas.

ANSIEDAD E INFELICIDAD. Un último efecto negativo de la happycracia es su carácter inasible: los humanos nunca estamos del todo felices con quienes somos o con lo que hacemos. Ortega decía: que no puedas llegar es lo que te hace grande. Pues bien, al martillear a las personas con la necesidad de ser alegres y felices, la happycracia puede generar una ansiedad permanente por no alcanzar el resultado deseado, una suerte de insatisfacción en la ciudadanía happycondríaca, que nunca consigue alcanzar con los niveles de felicidad que la psicología positiva y la publicidad le han prometido, fundamentalmente porque son niveles ficticios, imposibles de alcanzar. Así, todos los ciudadanos, por defecto, deberíamos ir a psicólogos y leer libros de psicología positiva, para aprender a estar cada vez más alegres. La insatisfacción que todos sentimos –por naturaleza- se convierte en el mundo happycrático en una enfermedad que es preciso tratar. Resulta paradójico que en los países donde las formas de vida happycrática más se han desarrollado –psicología positiva, optimismo por decreto, búsqueda obsesiva de la felicidad personal- los niveles de felicidad no han incrementado, antes al contrario. ¿No será que la obsesión egoísta por estar cada vez mejor quizá no es el mejor camino para ser feliz?

UN CONTRASTE CON PETERSON
Me parece interesante contrastar este libro con las opiniones mantenidas por Jordan Peterson en muchos de sus vídeos, que contienen una llamada a la responsabilidad personal y al ejercicio de una voluntad sólida para sobrevivir al drama de la existencia y poner un poco de orden en el caos. Quizá la invitación de Peterson sea un poco voluntarista y esté marcada por un sesgo individualista y liberal, líneas que denuncian Cabanas e Illouz en Happycracia. De cualquier modo, Peterson se sitúa en las antípodas de la happycracia, partiendo de la base de que la vida del ser humano es dramática y está fundamentalmente marcada por el sufrimiento. Como punto de encuentro, los tres autores critican la autosatisfacción que se nos presenta una y otra vez como el principal objetivo vital, y hacen un llamamiento a asumir la responsabilidad personal para construir un mundo más justo.

Aquí van algunas citas del libro:

Criticando la psicología positiva y sus asunciones, afirman que la misma puede “legitimar la asunción de que la riqueza y la pobreza, el éxito o el fracaso, la salud y la enfermedad, son consecuencia exclusiva de las decisiones del sujeto”. (p. 9)

Esta aproximación a la vida “produces a nuew variety of happyness seekers and happychondriacs anxiously fixated with their inner selves, continuously preoccupied with correcting their psychological flaws, and permanently worried about their own personal transformation and betterment”. (p. 10).

“Separated from family, religion, and calling as sources of authority, duty, and moral example, the self first seeks to work out its own form of action by autonomously pursuing happiness and satisfying its wants”. P. 50 Cita de otro libro.

Cambia las cosas, no solo tu actitud. P. 61. “In positive psychology, it seems to me they’re trying to convince people to be happy without making any changes in their situation (…) that fits well with political conservatism”.

p. 62. We should question whether this individualist conception of human happiness is not itself doing more harm than good by contributing to sustaining and creating some of the dissatisfaction that it promises to solve.

Pp. 65 y siguientes. Critica el mindfulness por individualista. “Mindfulness conveys the message that turning our priorities inwards does not entail any kind of defeat or hopelessness, but rather is the best way to thrive and empower ourselves in a frantic and tumultuous reality”. Mindfulness “sits well with the individualistic assumptions and narrow sense of the social that characterize these happiness scholarse and professionals, as well as he neoliberal view of the world at large”. (…) “It also thrives on the believe that the root of these problems is to be found in individuals themselves, rather than in a socio-economic reality. Allegedly, it is not society that needs reform, but individuals who need to adapt, change and improve”.

68-69. Curioso que el auge de la happycracia coincide con el aumento de índices de depresión, ansiedad y enfermedades mentales. Link between individualism and disenchantment with the world, that comes with the flattening and narrowing of lives experienced by individuals in our societies. “Consequently, the vast array of sources of meaning and purpuose have been severely contracted, with anything else that could be placed outside the sphere of the self (morality, society, culture, tradition, etc.) losing its power and legitimacy to dirve people’s lives –together with its charm, mystery and magic.

74. Happycracia en la educación. We are creating societies in “which developing emotional literacy, learning managerial and entrepreneurial skills, and engaging in the pursuit of happiness have gained increasing prominence over developing critical thinking, learning reasoning abilities and craft skills, or pursuing knowledge as defining features of students”.

85. Happycracia y mercado laboral duro. La happycracia “has become a useful ideological tool to make apologies for some of the crueler aspects of the market economy”.

89. One of the most characteristic changes brought by the new working ethics is the exceptional stress on personal responsibility. Indeed, the progressive transition from external control to self-control…

103 y 104. Dos críticas a la resiliencia. “With resilience at the Forefront, though, it seems that issues such as increasing financial resources, raising wages, offering more vacations fighting for more recognition at work, or other ethical concerns become less essential issues when it comes to happiness and productivity”.
Yet, instead of resilience being acknowledged as a psychological euphemism for demanding individuals to make a virtue of necessity given the hard conditions of today’s working environments, it is instead presented as a fantastic ability that workers should capitalize on to develop their selves and their psychological capital, as the best way to flexibly navigate in the contemporary labor market.

MEDIRLO TODO. 125 y siguientes
Measurements also adds a halo of credibility and legitimacy over commodities. (…) Most importantly, the success of these kind of self-tracking applications highlights not only the extent to which it is demanded that individuals take responsibility for their own health status and sense of well-being, but also how willingly individuals agree to (and enjoy) monitoring and managing themselves daily. It is not surprising that these kind of applications are actually instruments for massive surveillance in which emotions, thoughts and body signals are sued within mass-scale statistics to profile, research, predict and SHAPE people’s behavior behind the promise of increasing their happiness. The most surprising issue here is the great extent to whih individuals have come to engage in their own self-surveillance, for the profitability of big business. (…)
The applications tend to obscure some important issues. For instance, these applications obscure the fact that they encourage individuals to be extremely self-absorbed with their inner lives and make them constantly worried about how to achieve higher levels of control over their thoughts, emotions and bodies. The dark side of these applications is that they advance new forms of discontent related to the daily checking, monitoring and correcting of our inner states. In this sense, the alluring promise of complete self-management easily turns into a threat: not engaging in constant self-surveillance entails the danger of becoming unhappy and unruly beings that do not care much about themselves.
Furthermore, these applications obscure the fact that they reify interiority. As if these applications captured and quantified user’s psyche with surgical precision, they give the appearance of turning interiority inside out, depicting it in an objective way through colorful images, numbers, charts and graphs. But instead of accurately monitoring and managing themselves, individuals rather PERFORM THEIR SUBJECTIVITIES AND IDENTITIES THROUGH THESE APPLICATIONS. In this sense, individuals would not be discovering and managing who they really are as much as SHAPING THEIR SELVES ACCORDING TO CERTAIN ASSUMPTIONS about and demands o how they should thing, act and feel.

132 y ss. Personal branding and the urge to seem happy.
In social networks you must appear happy at any cost (…). There is an ingrained, oppressive demand made on younger generations to curate, craft and communicate via social media an authentic yet only positive version of themselves.

140. Obsesión por parecer alegre y egoísmo de pensar mucho en la propia perfección.
We argue that it is not personal perfection so much as normalizing the obsession with one’s own self-improvemente that the market seeks to induce in consumers. Cenrtainly, the appiness industry thrives on producing a new breed of happycondriacs. Se nos dice que: “the normal and most functional way of living is to be fixated on their inners selves (…)and to be permanently concerned with their own personal transformation and betterment.

171. Si te va mal, es por tu culpa. Problema de la happycracia.
“The dark reverse in the stories of these inspirational, loving characters is that happiness is presented as being as much a personal choice as suffering, so those who choose not top lay the glad game are suspected of wanting misfortune, and therefore, responsible for it.”

172. Poco espacio para la compasión.
“The problem arises when positivity turns into a tyrannical attitude that holds people responsible for most of their misfortunes and factual powerlessness, regardless of how myopic, ungrounded or unfair this may be. (…) In a world where everyone is held responsible for their own suffering, there is little place for pity or compassion”.

17 de enero de 2020

Permanecer - F-X Bellamy

 

Dejo un pequeño resumen del libro y algunas citas.


Permanecer

Para escapar del tiempo del movimiento perpetuo

François-Xavier Bellamy

El libro es un alegato contra la ideología “progresista” que todavía cree en el mito moderno del progreso lineal y necesario. Para el autor, sostener que el futuro necesariamente será mejor que el presente es algo irracional, e implica un desprecio hacia lo presente y lo real: si todo lo que venga va a ser mejor, implica que no valoro lo que tengo, que no tengo nada que perder. Esta huida hacia el futuro deja vacío y triste al ser humano, que nunca aprecia el presente y lo que tiene, obsesionado por lo que está todavía por conquistar y por venir. El autor afirma que su propuesta no implica abrazar el inmovilismo, que valorar lo pasado como siempre mejor que lo futuro es igualmente irracional. De todos modos, critica más el progresismo en la medida en que entiende que es una forma de pensar mucho más extendida. Este progresismo que solo mira al futuro está dispuesto a dilapidar lo que hemos recibido, desprecia la herencia de siglos y es profundamente antiecológico. Para que el movimiento tenga sentido necesitamos un punto de referencia, un destino “inamovible” o permanente al que llegar. Si se niega la  posibilidad misma de esos puntos de referencia, el movimiento se convierte en un absurdo, una carrera a ninguna parte. Necesitamos volver a valorar lo que tenemos y hemos recibido, para ser capaces de cuidarlo y transmitirlo. Preservar lo valioso es la misión de la política y de cada ser humano.

A lo largo de sus reflexiones, el autor aborda cuestiones como la fe ciega en la ciencia, el mercantilismo que entiende que todo es sustituible, nuestra obsesión por los números y por lo que todo se puede medir y el transhumanismo.

Estructura del libro: parte de la filosofía griega –Heráclito, Parménides, Platón, Aristóteles- (Capítulo I, Los partidarios del flujo). Posteriormente habla de Copérnico y Galileo, de la revolución que implicó ser conscientes de que no somos el centro del universo y de que la tierra está en constante movimiento (Capítulo II, Revolución). Estas ideas se conectan con la modernidad, mediante las ideas de Hobbes –apasionado del movimiento- y de Maquiavelo –profundamente relativista-, terminando en Nietzsche y Hegel (Capítulo III, Movimiento sin fin). Y de ahí se conecta con el optimismo propiamente moderno y contemporáneo (Capítulo IV, Política del Progreso), concretada en el principio esperanza de Bloch. El autor califica este optimismo como nihilista, ya que deprecia inmediatamente lo que ya existe como algo que es necesario superar. El Capítulo VI, Movimiento sin fin, explica las implicaciones de estas ideas en la política, que se convierte en el arte de hacer muchas cosas muy rápido. Frente a esa obsesión, el autor invita a ser cuidadosos a la hora de cambiar cosas, a ser humildes, rescatando el principio de responsabilidad de Hans Jonas. Y a tener un prejuicio pesimista para salvar las cosas. Para responder a estos desafíos, el libro invita al discernimiento: hay que encontrar valores absolutos y puntos fijos que nos sirvan para evaluar el movimiento y enjuiciar los avances técnicos (Capítulo VI, Encontrar un punto de referencia). El Capítulo VII (La verdadera vida está en otra parte), abunda en la idea de que mito progresista implica un desprecio de lo presente y lo cotidiano y genera. Internet, con su inmediatez y su velocidad, agudiza esta necesidad siempre de huir y escapar hacia cualquier otra parte. Capítulo VIII (Todo se convirtió en objeto de comercio): todo se cuenta, todo se intercambia, todo se devalúa: perdemos capacidad de admirar y respetar lo esencial. El Capítulo IX (Cifras o letras) cierra la obra, haciendo una defensa de las cosas esenciales, que no se pueden contar –no son accidentes ni intercambiables-, que no se pueden reducir a número o medida; en este sentido, se reivindican la literatura y la poesía como camino para recuperar nuestra humanidad, en la medida en que son las actividades que reivindican las palabras, los conceptos y las esencias por encima de los números. El libro termina con un epílogo en el que se nos habla de Calipso, Penélope y Ulises, invitándonos a encontrar la Ítaca a la que nos dirigimos y que dará sentido a nuestro movimiento.

Algunas citas

Habla de los Anywhere y los Somewhere. Los primeros, gente moderna, políglota, flexible, que en cualquier sitio puede sobrevivir. Los ganadores de la globalización; los segundos: trabajadores manuales, menos movilidad, víctimas de la deslocalización y de Internet.

p. 73. Sofisma naturalista; sofisma progresista. “Me parece que hoy este paradigma está totalmente invertido. El progresismo moderno se apoya en el sofisma opuesto, ya que el optimismo que describimos podría ser formulado, en efecto, según el principio siguiente: lo que va a llegar es forzosamente mejor que lo que ya existe. Está prohibido tener miedo a las innovaciones de la ciencia, de la tecnología, a las transformaciones de la sociedad, a las mutaciones que se van a producir en la política. Al contrario, la confianza es obligatoria, se exige optimismo”.

p. 78. Nada es más alienante que dejarse llevar ilusoriamente por la idea de que todo lo nuevo es evidentemente un progreso. Es un hecho que hay innovaciones, pero no se pueden describir como un progreso más que en relación a una elección de la que nosotros somos responsables: la definición de lo que consideramos que es prioritario respetar, de los recursos que se han de preservar, de los bienes que hay que conservar.

p. 80. El sofismo progresista (…) confía, por principio, en el futuro. Bendice de antemano lo que será, lo que todavía no existe, y se alegra de lo que todavía no se ha inventado. La primera consecuencia de poner así la esperanza en el progreso es la depreciación inmediata de lo que ya existe, de lo que está aquí, en nuestras manos, frente a nuestros ojos.

p. 84. Si todo cambia no puede ser sino para mejor, lo que significa que no tenemos nada bueno, nada que se pueda perder en el camino. No tenemos nada que perder. Nada, entre lo rela, tiene importancia en comparación con lo que se realizará mañana…

p. 86. Esto se encarna particularmente en el proyecto transhumanista (…). Nuevo idealismo, nueva religión, el transhumanismo es la forma contemporánea del progresismo moderno, una expresión perfecta de nuestra fascinación por el cambio. (…) El tranhumanismo es un optimismo: profesa que lo mejor está por venir, que el hombre de mañana será, gracias a la tecnología que hará crecer sus capacidades y la duración de su vida, mucho más feliz que el de hoy (…) ¿Cómo resistirse a la promesa del hombre aumentado?

p. 88. Con todo –riesgos para el hombre fruto del transhumanismo- “lo más importante no es el riesgo que se avecina, sino darnos cuenta de que esta creencia, este indiscutible optimismo, inunda el presente de negatividad, de frustración y de impotencia debido a su incapacidad para gozar del contacto con la realidad, de amar a lo humano tal y como es y, particularmente, al cuerpo humano.

p. 95. Explica el aturdimiento de parte de nuestros coetáneos y el refugio en el populismo. ¿Cómo es que nos sorprende que una política semejante –cambio total y permanente- provoque una crisis de identidad? (…) ¿Cómo se puede uno sorprender de la inquietud de quienes ven desaparecer de esta manera todos sus referentes y su mundo familiar cuando, además, no podemos explicarles qué es lo que los reemplazará?

p. 96. Hay que ser dinámico, hacer que las cosas se muevan, ir más deprisa; y no hay que preguntarse si vamos hacia un oasis o hacia un espejismo. Si aceptamos el optimismo como principio, si el movimiento es bueno por sí mismo, la única buena política es la que permite el movimiento, la que se sacude el yugo de la inmovilidad. La buena política no es otra cosa que el celoso auxiliar de un progreso inevitable.

p. 101. Modestia para cambiar cosas. Hay que ser infinitamente modesto, por lo tanto, cuando se pretende cambiar la sociedad, poner la sociedad en movimiento o instalar una nueva sociedad: hay un enorme riesgo de que se destruya ese orden que ha madurado lentamente, que es irreemplazable en su complejidad, su flexibilidad y su riqueza, y ante todo esto nuestras capacidades organizativas son poca cosa… Por supuesto, no todo lo que está vivo en una sociedad es bueno y hay que hacer un esfuerzo, con discernimiento, para rectificar lo que está viciado.

104. En realidad lo que necesitamos es recuperar el sentido auténtico de la política, que consiste menos en transformar que en transmitir.

104. Página tremenda de Peguy: Por más que hagamos, por mucho que realicemos, ellos irán siempre más rápido que nosotros, harán siempre mas que nosotros, bastante más que nosotros. Solo se necesita una chispa para incendiar una granja. Se precisan, se precisaron años para construirla. Eso no es difícil; no es ingenioso. Se requieren meses y meses, se necesitó un montón de trabajo para que creciera la mies. Y no hace falta más que una chispa para quemarla. Se requieren años y años para hacer crecer a un hombre, se necesitó mucho pan para alimentarlo, y trabajo y trabajo, obras y obras de toda especie. Y basta con un golpe para matar a un hombre. Un golpe de sable, y ya está. Para hacer un buen cristiano es preciso que el arado trabaje veinte años. para destruir a un cristiano el sable tiene que trabajar solo un minuto. Siempre es así. De la esencia del arado es el trabajar veinte años. De la esencia del sable es trabajar un minuto; y hacer más, ser el más fuerte. Terminar con todo. Pues bien, nosotros seremos siempre menos fuertes. Nosotros iremos siempre más despacio, siempre haremos menos. Somos del partido de los que construyen. Ellos son del partido de los que demuelen. Nosotros somos del partido del arado. Ellos son del partido del sable. Nosotros siempre seremos vencidos. Ellos nos ganarán siempre, por encima de nosotros. (El misterio de Juana de Arco)

p. 109. Contrariamente al carácter utópico propio de la modernidad, Jonas afirma que la ética del futuro exige una opción firme por el pesimismo. Si no somos indiferentes a nuestra propia humanidad amenazada de pérdidas irreversibles, entonces, sin por ello dejar de actuar, tenemos que prestar más atención a la profecía de la desgracia que a la profecía de la felicidad.

p. 125. A la pasión por el cambio no le debe responder la pasión por la inmovilidad, sino la sabiduría del discernimiento. ¿Adónde vamos? ¿Cuál es el objetivo de nuestra acción?

p. 128. Habla de la diferencia entre hogar y vivienda. En un espacio en el que se cruzan individuos sin origen ni destino hay que construir viviendas, que serán como los puntos de paso en los se alojarán esos móviles en desplazamiento que hemos llegado a ser. (Frente a eso, habla de lo personal de la habitación, que se habita).

132. Egoísmo de la política. El principio de nuestras actividades políticas o económicas es solamente responder a una necesidad material e inmediata en el instante presente. Y es esta reducción de la política a la economía, y de la economía a la instantaneidad, lo que nos lleva a perder toda generosidad para con el futuro y, de esta manera, el sentido mismo de lo que ha de permanecer.

p. 137. Tenemos buenas razones para dudar de que esa vida palpitante que carece de reglas pueda cumplir sus promesas. Lo hemos dicho: en la sed permanente de cambio se percibe el síntoma de una incapacidad para reconocer y amar la realidad presente. De la misma manera, en nuestro rechazo a permanecer tal vez simplemente haya una incapacidad para habitar el mundo y para habitar lo que nosotros somos en su seno. La vida que se mira como un viaje, sin puerto de origen y sin puerto de llegada, es, para empezar, un vagabundeo marcado por el vacío y la desesperación.

p. 147. Internet se está convirtiendo en un universo en el que la lentitud queda abolida.

p. 152. Tenemos que aceptar que no podemos estar en todas partes si queremos estar auténticamente en el lugar en el que de verdad nos encontramos. Tenemos que aceptar no ser todo para poder ser nosotros mismos y para acoger plenamente una vida que la ilusión de la inmediatez solo podría volver líquida.

p. 161. Tal vez cada uno de nosotros, también los ricos, hemos perdido una libertad elemental, la capacidad de vivir sin contarlo todo.

p. 177. Pero para salvar al mundo de la razón interesada que acaba por volvernos locos hay que volver a decir que lo más esencial a nuestras vidas es y siempre será lo que no se puede contabilizar.

p. 185. El número solo expresa lo que hay de móvil en la cosa,lo que podría cambiar, aumentar o disminuir. (…) Lo esencial de la flor no es que tenga diez o doce pétalos, lo esencial es que la flor es una flor y eso no varía con número de sus pétalos. (…)

Desde este punto de vista nunca se podrá comprender ni a los seres ni a las cosas mediante el poder del cálculo, aunque tal poder sea inmenso.

p. 185. Critica la idea de inteligencia artificial. El solo hecho de que tomemos en serio esta asimilación de la inteligencia con una calculadora dice mucho sobre el desprecio que sostenemos hacia nuestra vida interior y sobre el error que nos impide darnos cuenta de que nuestro conocimiento del mundo es mucho más que un cálculo.

De hecho, los big data solo toman de la realidad aquello que se encuentra en el orden de lo variable y de lo superficial, lo que el número puede contar, todo lo que no se corresponde con la esencia misma de las cosas.

p. 192. Urgencia de la poesía: el número es el signo de lo equivalente, de lo indiferente, de lo reemplazable, del intercambio y del mercado. Si lo real no se deja expresar por este signo sin resistirse es porque está hecho de seres, de cosas, de actos, de lugares y de personas que no son sustituibles los unos por los otros, porque está hecho de elementos únicos. Y lo propio de lo único es no formar parte de ninguna serie numérica… No se coleccionan amigos, un amigo no se cambia por otro. Y, salvo que se haya perdido el sentido del amor, toda historia de amor es absolutamente singular. Todo lo que vivimos está marcado por esta excepcionalidad a la que permanecen ciegas las estadísticas.

p. 194. A la presión por el cambio, por la transformación universal, hay que responder con un sentido renovado del valor de las cosas que tenemos en nuestras manos.

194. Nostalgia: Porque la literatura sabe cuán frágil y moral es aquello que abraza y, por lo tanto, el asombro que ella nos muestra no está exento de cierta nostalgia, pero una nostalgia que es, al final, el mejor antídoto contra el optimismo atolondrado de nuestra conciencia moderna, demasiado orgullosa de sus triunfos técnicos. Esta nostalgia no es más que la expresión sencilla de un irreprimible amor por la realidad, de un amor angustiado por la belleza de las cosas, todavía más angustiado cuando son vulnerables y sabe que no podrá salvarlas solo con su abrazo.

196. Para resolver la crisis en la que nos encontramos tenemos menos necesidad de acción que de atención.

12 de enero de 2020

Yo siempre he jugado así



La costumbre es fuente del Derecho. Nace de la repetición de actos y de la conciencia en una comunidad de que determinada práctica es obligatoria. Elementos objetivo y subjetivo de la costumbre, respectivamente.

Las comunidades frikis que juegan a juegos de mesa tienen sus costumbres, interpretan a su modo las reglas del juego. Y no es infrecuente que dichas interpretaciones paulatinamente se distancien de las reglas objetivas del juego, que se leyeron por última vez hace años, si es que realmente alguna vez se leyeron. Mientras las partidas reúnen a miembros de la  misma comunidad esta evolución consuetudinaria de las reglas no genera problema alguno.

Ahora bien, cuando alguna partida reúne a personas que no suelen jugar juntas -jugadores de distintas tradiciones- es inevitable que en un momento dado surjan las discrepancias.

Si la discrepancia se produce al arranque del juego -quién tira primero, hacia dónde gira el turno, cuánto dinero se reparte al comienzo...-, las dudas son resueltas de forma pacífica y consensuada -"estamos empezando, todos somos amigos, oye, me adapto"-, salvo que haya algún energúmeno en torno del tablero, extremo que no hay que excluir. Si ante una diferencia de opiniones antes de empezar la partida algún jugador se muestra particularmente tozudo o inflexible, se recomienda replantearse la idea de jugar con él, ya que no sé sabe a qué extremos puede llegar pasada la media hora.

Lo que resulta mucho más divertido -mágico, incluso- es cuando la discrepancia surge en un momento crítico de la partida. "¿Cómo que tengo que construir primero 4 casas y luego pagar el hotel entero otra vez?", "¿Cómo que no puedo jugar dos cartas de desarrollo a la vez?". Y entonces surge la frase inigualable, canónica: "pues yo siempre he jugado así", de quien se carga de razón apelando a su exclusiva experiencia personal, como si a los demás les importase cómo ha jugado él siempre.
Esta afirmación de "yo siempre he jugado así" puede ir seguida de varias reacciones: (1) votación democrática entre los jugadores, que muchas veces no satisface a quien piensa que lleva razón, diga lo que diga la mayoría, y le sume en profundas cavilaciones sobre la validez de la democracia-;
(2) aplicación de las reglas del lugar -ius loci-, que impone quien pone la casa y ha pagado la merienda; (3) detención del juego a modo de suspensión cautelar para examinar conjuntamente las reglas, solución normalmente adoptada cuando quien reclama se empecina un poco (genial cuando las mismas son interpretables y no queda claro qué posición es la más correcta, con lo que hay que recurrir a la votación democrática o a foros de Internet, si la cosa se pone muy fea); (4) continuación de la partida y lectura individual y por lo bajini de las reglas por parte de la persona victimizada, seguida de dos posibles reacciones: reivindicación triunfal de su teoría, apuntando con el dedo la regla en cuestión o blandiendo la hoja de instrucciones sobre el tablero; o bien devolución discreta de las reglas a la caja del juego al constatar que no llevaba razón. Dependiendo de la humildad del jugador, el mismo reconocerá su error públicamente, o hará como que no ha pasado nada e intentará que nadie le pregunte qué es lo que dicen las reglas exactamente.

Una vez resuelta la controversia, el juego continua. Quien "siempre ha jugado así" pero tiene que dar su brazo a torcer puede reaccionar de dos formas: obstinación enfurruñada, de la que no se recupera durante la partida, y, habitualmente, hasta que se da una ducha en su casa; acepación deportiva, asumiendo el cambio de planes e intentando rehacerse sobre el tablero. La inclinación hacia una de estas reacciones -no siempre racional ni consciente- suele responder a la suma de dos factores: la  posibilidad de seguir compitiendo a pesar del revés interpretativo de las reglas; y la presencia en la partida de una persona hacia la que se siente una cierta atracción sexual y con la que no se tiene mucha confianza, ante la que no se quiere hacer el ridículo.

Todo esto y mucho más nos deparan las discrepancias en la interpretación de las reglas de un juego de mesa. La próxima vez que te enfrentes con una, disponte a disfrutar con plena conciencia de ese momento mágico, divertido y tremendamente humano.

10 de enero de 2020

Kodawari



Estudiar Derecho Administrativo y encontrarte con esto:

"La cultura japonesa, tan rica en delicadezas, sugiere una idea interesante a propósito de la actitud frente a la profesión, el kodawari. Se refiere esta idea a un empeño personal en la perfección. Una actitud en la que entra el cuidado sutil en los detalles;el orgullo profesional; una disposición humilde en el empeño; ligereza en la expresión; paciencia; amor a lo bien hecho; a la honradez del proceso; al equilibrio del resultado". (Eduardo Paricio Rallo: El oficio de juez de la Administración. El Cronista, núm. 81, pág. 31).

Un regalo.

11 de agosto de 2019

Hay que hacerse un tatuaje cuanto antes


Me gusta la reciente moda de hacerse un tatuaje.

1. En primer lugar, el boom del tatuaje supone que hay gente tomando decisiones más o menos definitivas, lo que ha de ser celebrado en un contexto social de pánico irracional y adolescente a las decisiones de por vida. La gracia del tatuaje, precisamente, consiste en que no es una calcamonía.

2. Quien se tatúa, además, lo hace porque porque es libre, y no se plantea que tatuarse le quite algo de libertad. Más bien al contrario: como soy (macarra y) libre me tatúo lo que me da la gana, y decido llevar un tatuaje para toda mi vida. Si la sirena o las runas élficas se borrasen en unas semanas o meses, el tatuaje sería mentira, fraude y postureo. La decisión de tatuarse perdería peso y gravedad, sería mucho  menos significativa. Poder tatuarme para siempre amplía mi libertad; no la niega.

3. En tercer lugar, tengo entendido que tatuarse duele, y que ese sufrimiento, de alguna manera, es una parte importante del rito del tatuaje. Las marcas de por vida no son un juego, no son gratis. Como el amor, como el éxito, como las dificultades, el tatuaje que se imprime en la piel conlleva también una dosis de sufrimiento que no debe evitarse. No hay amor sin espinas. No hay toreo sin muerte. No deberia haber tatuaje sin dolor.

De lo dicho hasta aquí podemos concluir que la moda del tatuaje constituye una inesperada aliada en la transmisión de ciertos valores antropológicos que parecían condenados a la extinción en el páramo relativista y hedonista en que nos encontramos. Pero ojo, es que todavía hay más.

4. Creo que si uno no se arrepiente nunca del tatuaje, al pasar del tiempo el mismo constituye una muestra de fidelidad a uno mismo -o a su novia, equipo de fútbol o difunto amigo- genial. Han pasado los años. Estoy calvo. Tengo barriga y cáncer de próstata. Quizá incluso soy un verdadero coñazo. Pero mira, aquí sigue mi tatuaje. Soy el mismo, he llegado hasta aquí, te sigo queriendo. Mola.

5. Pero es que si uno se arrepiente del tatuaje no sucede ningún drama, es incluso hasta mejor. El tatuaje se convierte entonces en un memento mori, a través del cual nuestro yo del pasado nos recomienda no tomarnos demasiado en serio nada de esta vida, ni siquiera a nosotros mismos. El tatuaje del que uno se arrepiente nos invita silenciosamente a sonreirnos ante nuestros solemnes "para siempre" y "nunca más". Y no con la sonrisa amarga del cínico o el descreído, sino con la sonrisa humilde y dulce de quién ha experimentado sus límites y sus contradicciones, pero aún así mantiene un poco de fe en sí mismo y en la vida, y está dispuesto a intentarlo otra vez. El tatuaje del que nos arrepentimos es un fracaso, no hay duda. Pero nos recuerda también que somos capaces de sueños grandes y de utopías. Que no puedas llegar es lo que te hace grande. Detrás del desencanto y de la bacía, si aprendemos a mirar, podemos vislumbrarel brillo misterioso del yelmo de Mambrino.

Me gusta la reciente moda de hacerse un tatuaje.

PD. Lógicamente, esta entrada está dedicada a quien ya lo sabe.