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16 de junio de 2013

Cómo hacer un buen gazpacho con cuatro tópicos sobre el aborto

Ups, llevo gafas... ¿podré ser considerado como un
ser no dotado para la felicidad?

El verano es tiempo de gazpacho: fresco, sabroso, tonificante (nada que ver, misteriosamente, con el indigesto zumo de tomate...). Pues bien, para gazpachos, el último artículo de Elvira Lindo en la contraportada de El País, hablando sobre la reforma de la ley del aborto. Clandestinas. Bajo este título, propio de una novela del mismísimo Mankell, Lindo nos ofrece un suculento gazpacho a base de tópicos proabortistas del feminismo ochentero más granado.

Ingredientes los tiene todos: mujeres delincuentes, salas oscuras donde se practican abortos secretos e insalubres -para la madre, supose-, obispos, Francisco Franco (¡!), el Papa, mujeres sometidas que tornan a la minoría de edad o huyen al extranjero. Echo de menos a Rouco Varela y al Opus, pero en fin, a esta gente ya toca darles un descanso, no se puede ser la sal de todos los platos.

Ahora bien, el toque personal y mágico nos lo ofrece Lindo cuando señala que no se puede obligar a ninguna mujer a traer al mundo a "seres no dotados para la felicidad". Curiosa categoría de seres ésta, que será necesario perfilar. ¿Quiénes son los seres humanos -curioso olvido de Elvira, que omite el término humanos- no dotados para la felicidad? ¿Serán acaso los seres humanos que tengan una enfermedad o malformación? No, conozco enfermos felices ¿Los que no son queridos por sus padres? Tampoco, conozco hijos de auténticos cabrones que son felices ¿Los que tienen en rojo la cuenta corriente? Ejem, sería mi caso... Creo que estamos ante un concepto nuevo, original, único e indescifrable. Un auténtico arcano de la cocina de Lindo, el secreto de la abuela que todo gazpacho exquisito que se precie ha de tener...

Y que yo, lego en materias culinarias, intuyo que es este: los seres no dotados para la felicidad son aquellos seres humanos que a Lindo y a sus correligionarias les dé la santa y real gana.


PD. Para que no digan que hago publicidad encubierta: Cómo hacer un buen gazpacho

25 de junio de 2007

Bien por Corporación Dermoestética


Por fin una empresa se decide a cambiar su modo de hacer publicidad, abandonando el modelo de publicidad machista teta-culo-piernas. Corporación Dermoestética ha pasado a anunciarse en la prensa con mujeres guapas que nos cuentan su historia, en vez de hacerlo con ciertos atributos femeninos más propios de revistas pornográficas que del periódico que cada día me llevo a mi casa debajo del brazo.

Ojalá otras muchas empresas se decidan a seguir los pasos de Corporación Dermoestética, yendo contracorriente -en la dirección difícil, como el salmón-, en defensa de la dignidad de la mujer y del hombre. Enhorabuena.

6 de mayo de 2007

Los últimos machistas

Leía el otro día las declaraciones de una famosa actriz que afirmaba que los tiempos del machismo, de la sociedad patriarcal, estaban casi superados, aunque todavía quedaban algunos tabúes por romper. Personalmente, creo que todavía queda mucho machista suelto. Estos últimos machistas, paradójicamente, son en su mayoría mujeres, y se encuentran en ciertos sectores autodenominados feministas.

Este pretendido feminismo anima a la mujer a abrazar alegremente el rol que hasta ahora se venía atribuyendo al varón en la sociedad moderna. Denosta el papel de la mujer como madre, menosprecia las tareas del hogar, y desprecia la dimensión del cuidado de los demás, como una tarea indigna de la mujer. Los cancerberos de este nuevo rol de la mujer en la sociedad son celosos garantes de sus ideas, y estigmatizan a todo aquel que pretenda, según sus propias sentencias, encerrar a la mujer en la cocina, posponer su emancipación, condenarle a ser madre, etc.

Curiosamente, otras muestras de machismo bastante más extendidas son ignoradas, cuando no propuestas o jaleadas, por estos sectores pseudo-feministas. Valgan tres ejemplos.

Primero: el uso y abuso de la imagen de la mujer como reclamo publicitario. Les invito a dar un paseo por su ciudad y contar cuántos anuncios en marquesinas muestran mujeres escasas de ropa anunciando toda suerte de productos: cremas solares, yogures, coches, perfumes. ¿Y la dignidad de la mujer? A nadie le importa, lo importante es vender. Separar la violencia de género de esta constante utilización de la mujer como objeto (como reclamo, como cebo), sólo puede ser resultado de la estulticia o de la hipocresía.

Segundo ejemplo: estas presuntas feministas no dudan en afirmar que la decisión sobre la vida del feto durante el embarazo corresponde sólo a la mujer, y no al hombre. Dejaremos a un lado que el aborto es un delito y no un derecho. Afirmando que la decisión sobre la vida del embrión corresponde exclusivamente a la madre, y nunca al padre, no consiguen –como es su propósito- ampliar la libertad de la mujer, sino plantear el embarazo (y posterior nacimiento) como una cuestión que afecta exclusivamente a la mujer, y no al hombre. Sin embargo, todo embarazo y nacimiento tiene que implicar el compromiso real del padre, con un tiempo, con una dedicación, con un amor, que no corresponde exclusivamente a la mujer. Lo contrario deja a la mujer sola con su hijo, y constituye una prueba más de machismo.

Tercer ejemplo: la llevada y traída paridad. Leyes como la recientemente aprobada en nuestro país sólo denotan un profundo desconocimiento, si no desprecio, hacia las capacidades de la mujer, que en igualdad de condiciones superan muchas veces a las del varón. Personalmente, celebro la aprobación de esta ley, ya que como hombre en muy poco tiempo voy a ser beneficiado por ella. Las mujeres no necesitan de cuotas y prebendas para sobresalir y ganarse un sitio en las relaciones sociales. Quien así lo entienda, que se dé un paseo por las principales universidades y pregunte por los mejores expedientes, por las mejores cabezas, tanto en letras como en ciencias.

Existe un feminismo mal entendido, que idolatra el papel que se le atribuyó al hombre en los siglos precedentes, especialmente con la llegada de la revolución industrial y la economía de mercado. Para este feminismo, los valores superiores del ser humano son meramente cuantitativos: el éxito en la vida profesional, la acometitividad, la agresividad en las relaciones sociales, la independencia económica, el desentendimiento de las tareas del hogar. Son valores que podrían resumirse en el extracto de una cuenta bancaria.

Esta concepción del feminismo olvida que los valores verdaderamente superiores, los que hacen feliz a todo ser humano, son aquellos que se han atribuido hasta ahora a la mujer: la maternidad responsable, las tareas del hogar, la dimensión del cuidado de los demás. No hay nada tan creativo como fundar un hogar; no hay trabajo que requiera más liderazgo que educar a un hijo; no hay empresa más audaz que la de sacar adelante una familia. Como estos son los trabajos más típicamente humanos, en los que nunca podremos ser sustituidos por las máquinas, tenemos que desarrollarlos tanto los hombres como las mujeres. Un verdadero feminismo no pasa por infravalorar estas tareas, sino por defenderlas como las más elevadas, tanto para el hombre como para la mujer.

Los hombres no somos seres tan inferiores a las mujeres que no podamos abrir nuestra vida, nuestro corazón, y nuestro horario a estas tareas. Sacrificar estos valores pretendidamente femeninos en el altar de la igualdad, desdeñarlos como trabajos inferiores, como pretenden los últimos machistas, sería un grave error. Perderíamos lo mejor que tenemos: la capacidad de darnos generosamente a los nuestros, sin esperar ninguna recompensa.

20 de marzo de 2007

Pornografía


Parece que hay pocas cosas más rentables que unos buenos pechos: las chicas interviú (no se preocupen, sólo en sentido figurado) se están haciendo de oro; los dueños de la revista, qué duda cabe, también se están forrando. Mucha gente pasa un buen rato con las fotitos, y yo, quién sabe, quizá hasta duplique el número de visitas al blog gracias al título de estas líneas. Ponga unas buenas tetas en su vida.

Así, todos celebramos el triunfo de las modelitos, las mujeres-objeto que nos hacen ganar a todos. A todos menos a las miles de mujeres que no quieren ser un objeto. Que prefieren ser valoradas por lo que tienen encima, y no debajo, de los hombros. Que están hartas de que se las mire antes al culo que a la cara.

Pero en fin, para que muchos ganemos con las chicas interviú, otras tienen que perder. Así es la vida.

24 de enero de 2007

Albañilo, bedelo y estudianto


(Copio una carta aparecida estas navidades en La Verdad de Cartagena. No tiene desperdicio)

No me considero machista. Ni mucho menos. Pero cuando leo cosas que atentan contra el sentido común, me sale la vena revolucionaria.
El Instituto de la Mujer pro­pone usar albañila, estudian­ta o bedela en pos de la igual­dad de sexos. Supongo que también propondrán albañilo, estudianto y bedelo.
De esta manera eliminamos los genéricos y ya tenemos el problema solucionado.
Se ve que es muy difícil hacer tal diferencia con el artí­culo "el" o "la".
El estudiante y la estudiante. El albañil y la albañil. Creo que hay cuestiones mucho mayores y más importantes para la mujer que diseccionar el vocabulario castellano bus­cando palabras que atentan, supuestamente, contra la igualdad de género. O de sexo. O doméstica. Que ya no sé ni cómo decirlo para que estas feministas radicales no se sien­tan heridas.
Pero cuando busco futbo­listo, artisto, pianisto o elec­tricisto resulta que las suso­dichas no se encuentran en el diccionario. Y nadie protesta. Y ningún Instituto del Hom­bre se rasga las vestiduras ante tamaña discriminación.¡Qué desigualdad! ¡Qué des­fachatez! ¡Qué uso más sexis­ta de la lengua que denigra al hombre! Por Dios, un poco de cordura, no vaya a ser que nos multen por decir tanta estupidez junta y tenga que venir un policío.

19 de abril de 2006

La mujer objeto


No creo que esté obsesionado con el tema del feminismo y las mujeres, aunque de cuatro comentarios que ponga dos sean sobre este tema. Simplemente me sorprende mucho lo que está ocurriendo aquí. Se habla de igualdad, dignidad y respeto. De repulsa a la violencia de género. Pero se inundan las calles de anuncios sexistas, que presentan a la mujer como un objeto de placer, como un mero reclamo publicitario. Es otra vez la mujer objeto, la mujer florero. Bebidas alcóholicas, champús, yogures, películas... todo se anuncia con unas piernas vertiginosas o un trasero apolíneo... Yo sólo pido un poco de respeto, por favor, que somos más que meros instintos, que meros atributos físicos.

Pd: la foto es un homenaje a la elegancia femenina, que no necesita de exhibicionismos ni destapes.

28 de marzo de 2006

Sobre la paridad y otras mixtificaciones


Me hace un poco de risa la fruición con la que nos lanzamos a devorar los lemas que nuestros ideólogos ligth nos precocinan. El último de ellos, la paridad, como valor supremo del orden social.

La obsesión por equiparar el número de hombres y mujeres en el parlamento, en los partidos políticos y en los consejos de administración no deja de ser algo artificial. Y yo pienso que la igualdad no es algo artificial, sino totalmente natural. Si por ciertos personajillos públicos fuera, el año que viene tendríamos 6 reyes magos, a razón de 3 hombres y 3 mujeres. Y si vamos en esa línea, yo propongo que las oposiciones a cuerpos de funcionarios del Estado tuvieran una condición: que el número de aprobados se distribuyera paritariamente entre hombres y mujeres; que haya, por decreto, tantas camioneras como camioneros; tantas domadoras como domadores; tantas taxitas como taxistas (vaya, este último ejemplo me ha quedado un poco chuchurrío).

La situación de desigualdad de la mujer perteneció a un tiempo en el que la principal virtud de la persona, que garantizaba la supervivencia y el pan, era la fuerza física. Ahora, que es la inteligencia y la capacidad de trabajo, yo creo que como no espabilemos los hombres nos vamos a quedar algo rezagados. Las mujeres no necestian de políticos oportunistas que a golpe de decreto les consigan la igualdad... ellas conquistarán esos puestos por sus propios méritos. ¿No os parece humillante ocupar un cargo por ser mujer, por completar un cupo?

Y luego, tampoco queramos cambiar a golpe de decreto una inercia de siglos: correremos el riesgo de que el coche vuelque (menosprecio de la maternidad, infertilidad de muchas mujeres que luego -a los treintaitantos- acuden desesperadas a las FIVET, niños desarraigados, sin papá ni mamá, desprecio de las tareas del hogar).

Siento que he sido un poco pesado. Pero bueno, de todas maneras, le dedico este apunte a mi hermana luz. Un beso desde aquí.