28 de abril de 2012
No sufrió nada...
Ante el fallecimiento de un ser querido, cada vez es más frecuente escuchar "bueno, al menos no sufrió mucho". A mí me parece un consuelo bastante pobre. La muerte es la culminación de una vida, su capítulo final. Al poner nuestro consuelo en que el finado no sufrió evidenciamos en primer lugar que uno de nuestros valores superiores es evitar el sufrimiento. Además, no sufrir es algo que -contando con las sedaciones paliativas- sucede o no sucede, y por lo tanto queda fuera del alcance de quien muere. Morir bien, por lo tanto, sin sufrir, es un hecho que queda al margen de su voluntad y de su vida, al albur del sino, del fatum.
En otras épocas el consuelo frente a la muerte era más magnánimo: murió como un valiente, murió con las botas puestas, peleó como un jabato. O más vocacional: cumplió su misión, llegó a la meta, murió por la causa. O más religioso: ya está con Dios, se reunión con sus mayores. O más familiar: murió rodeado de los suyos, dejando una familia amplia y feliz.
Y eso porque los hombres de otras épocas -tan salvajes ellos, tan cerriles y poco modelnos- tenían una visión un poco más rica de la vida y la muerte, al servicio de algo grande: el bien, la virtud, Dios, una causa, la familia. Y no como una huida hacia delante, tantas veces desesperada, de cualquier dolor.
Ante el fallecimiento de un ser querido, entiendo el consuelo de "no sufrió", pero anteponerlo a consuelos tan bonitos y humanos como los aquí mencionados me parece una infantilidad. En cualquier caso, hay otro consuelo aún peor: "no se dió ni cuenta". Socorroco.
25 de marzo de 2012
Séneca y los gimnasios

Estoy leyendo las Epístolas Morales de Séneca. Para distinguir mi pedantería de la de los lectores de sobres de azucarillo cada vez tengo que hacer cosas más difíciles.
Pues bien, en una de sus cartas Séneca recomienda a Lucilio no dedicarse demasiado a los ejercicios físicos, y centrar sus esfuerzos en ensanchar su alma y su sabiduría. "Por mucho ejercicio físico que hagas, oh Lucilio, siempre será más grande y musculoso que tú un buey cebado".
Se conoce que el Séneca tenía su sorna, el tío. Si hoy levantara la cabeza.
11 de marzo de 2012
Lotófagos
Cuenta La Odisea que en su vuelta a Ítaca Ulises hizo una parada técnica en nosedónde, y que a sus hombres les dio por comer lotos, o algo así. Podría ir a Wikipedia a recordar bien la historia, pero bueno, me da igual. La idea es que comieron flores silvestres y perdieron la memoria. Estaban allí tan ricamente, ya se sabe, en plan Jauja, y se les pasaron las ganas de volver a su casa. De hecho, se les olvidó que tenían casa en otra parte.
El otro día me vino esta historia a la cabeza, y desde entonces me repito algunas veces al día: lotófagos.
Es una historia interesante para el hombre del siglo XXI. Cuántas veces somos un poco lotófagos, y por ver el mail, mirar el móvil, trabajar un poco más o ver la televisión nos olvidamos de a dónde vamos, de quiénes somos, de que hay miles de cosas más bonitas e importantes que comer lotos de mierda y olvidarnos de nuestra verdadera casa.
Lotófagos.
Lotófagos. Suena bien.
Lotófagos.
19 de febrero de 2012
Tonto-twitter

Ahora que cada vez leemos menos, tenemos más canales de comunicación. Lo malo es que casi nadie tiene nada relevante que decir. Menos mal que twitter, con mensajes de 140 caracteres, nos permite esconder nuestra ignoracia detrás de frases bonitas de sobre de azucarillo. Parecemos gente leída, y todo.
El otro día estuve en una conferencia (fui casi obligado, tranquilos) de Arcadi Espada, columnista de El Mundo. "La vida no tiene sentido, vamos a morirnos, y hay que ser optimistas", afirmaba en un alarde de funambulismo intelectual. Con dos cojones.
Personas que presuntamente seguían la conferencia por Internet, espigaban titulares de lo que iba diciendo Espada y los compartían en tweets, que aparecían en una pantalla detrás de la mesa del conferenciante. Me pareció patético. En primer lugar porque esas presuntas personas que seguían el acto por Internet creo que no existían. Prometería que era alguien de la organización haciendo el paripé desde la misma sala. Segundo, porque a ningún internauta le interesaban esos tweets inconexos y superficiales. Tercero, porque a los que estábamos en la sala nos distraían. Era como decirnos: como sois idiotas y vuestros cerebros sólo procesan mensajes cortos de 140 caracteres, os resumimos la conferencia.
Pero bueno, no lo olvidemos: hay que ser optimistas.
5 de febrero de 2012
El Quijote y Los demonios

Este verano leí la Segunda parte de El Quijote. Muy divertido, la verdad. Hay que pelearlo, claro, pero merece la pena. La sabiduría de Don Quijote, su sentido común, es sencillamente proverbial.
En Navidad me he atrevido con Los demonios, de Dostoievski. Ochocientas y pico páginas. La historia no es muy allá, pero por debajo de la misma late toda la tragedia del fin de la modernidad y la muerte de la metafísica, y sus consecuencias en el siglo XX y hasta hoy. De las ochocientas páginas, hay cuatro o cinco pasajes de unos pocos párrafos que merecen el esfuerzo de todo el libro. Es más, parece que todo el libro es una excusa para esos pasajes. El discurso de Stephan Trofimovich en el que se cuestiona qué es más importante, si un par de zapatos o Miguel Ángel, si Rafael o el petróleo, es una de las cimas del pensamiento occidental.
Qué pena que sea tan difícil leer estos libros. El ritmo de vida que llevamos y la instantaneidad de Internet nos hacen impacientes. Queremos historias cortas, impactantes, flashes de vida y emoción. Por eso nos cuesta tanto enfrentarnos a algunos clásicos, auténticos ladrillos de papel. Ánimo, merece la pena. Nos enseñan tanto de nosotros mismos...
25 de noviembre de 2011
Se busca feminista
Lo que sí que tengo claro es que si yo fuera mujer -no tengo el gusto- me sentiría ofendida -e incluso, proponiéndomelo, discriminada- por la imagen. Once señores decentes -más o menos horteras, todo sea dicho- y una mujer, la única, que va vestida como si fuera a cantarle el Happy Birthday a JFK.
Bibiana, vuelve.
22 de noviembre de 2011
Subidón

Ayer me subía al coche a las ocho y pico de la tarde. Llevaba desde las ocho de la madrugada en la universidad, estudiando, atendiendo alumnos y dando clase. Sin hacer ningún drama -no trabajo en una mina- estaba bastante baldado.
Pues bien, arranco el coche, y antes de meter segunda enciendo la radio. Y entonces sucedió. Estaba empezando uno de los temas que más me viene motivando últimamente (no es un tema inmortal, pero está animado). Y claro, el subidón fue grande. Todo lo contrario de cuando enciendes la radio y escuchas las tres últimas notas de tu canción favorita. Shit!
Pues nada, eso os cuento. La vuelta a casa fue fresca, ligerita. Uno de esos regalos que te da la vida, qué curioso, un lunes.
Ahí os dejo la canción, por si os gusta.
19 de noviembre de 2011
No me discrimines

Estaba cenando con unos amigos. La camarera (no es sexismo, era una chica) nos trajo el plato a todos menos a Q., algo curioso, ya que habíamos pedido todos lo mismo. Cuando pasaron tres o cuatro minutos, Q. se quejó, como dirigiéndose a la camarera... "yo también tengo derecho a comer, no me discrimines". Lógicamente, el plato terminó llegando y cenamos tan ricamente.
Me impactó el "no me discrimines" dicho inconscientemente, sin pensarlo. Si hubiera sido un castizo "no me jodas" no me hubiera chocado, pero el "no me discrimines" es la queja del ciudadano buenista pseudodemocrático para el que no hay otro mal en el mundo que la discriminación.
Quizá la lectura de muchos libros de texto de la LOGSE es la que ha incrustado en el cerebro de mi amigo ese lamento tan zapateril. "No me discrimines". Empezamos a parecer franceses.
3 de noviembre de 2011
Se va un grande
11 de octubre de 2011
No mirar hacia otro lado

Igual que México, otros países son esclavos del tráfico de drogas internacional, una serpiente de dolor y delincuencia que, como señaló hace no mucho el Santo Padre, siembra sufrimiento e injusticias allí por donde pasa.
Resulta sencillo señalar a los cárteles de la droga como los responsables primeros de estas barbaridades. Lo que es más incómodo es señalar a los consumidores de droga de EEUU y Europa -quienes fuman marihuana en la cafetería de la universidad, vamos, o se meten sus rallitas antes de salir de fiesta- como los responsables últimos de esas atrocidades.
Basta ya. Dejemos de mirar hacia otro lado. La satisfacción del desenfreno del Primer Mundo tiene víctimas, con nombres y apellidos.
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