25 de enero de 2011

Con que...



Tenemos unos 80 parlamentarios en cada comunidad autónoma (17x60=1020 parlamentarios). Si bien no sería descabellado replantearse su necesidad, máxime con la disciplina de partido que padecemos, mi propuesta aquí es más modesta. Propongo q0ue no hagan nada. Con que no hagan nada nos conformamos, y les seguiremos pagando. Pero que se estén quietos.


Mil tíos con sus asesores tratando de justificar una nómina son capaces de hacer cualquier cosa. Y eso también lo pagamos los ciudadanos, aturdidos por el marasmo de "programas", "formularios", "instancias", "reglamentos", "decretos" y demás parafernalia con los que tenemos que bregar para alimentar la hipertrofia burocrática que lleva camino de devorarnos.


Con que no hagan nada nos basta.


13 de enero de 2011

Misas en la Universidad de Barcelona



Se suspenden las Misas en la Universidad de Barcelona, debido a que estudiantes "progresistas" boicotean la celebración de la liturgia. Leo la noticia en ABC. Una frase de la redacción de la noticia me deja de piedra:

"El conflicto entre estudiantes progresistas y católicos se recrudeció antes de navidad...". Sinceramente, no me imagino una noticia sobre violencia de género en la que se diga: "el conflicto entre el Braulio y Joana se recrudeció...". No hay dos partes iguales en este conflicto. Hay unos personajes (léase energúmenos, antidemócratas, talibanes) que no respetan las creencias de los demás, y unos ciudadanos que tratan de vivir conforme a su conciencia de modo pacífic0, dentro del marco de la Constitución.

Por otro lado, la Universidad de Barcelona en el comunicado que anuncia el fin de los actos litúrgicos hasta que se busquen modos de garantizar la seguridad de los creyentes, afirma que hará todo lo posible para "preservar el ejercicio de los derechos fundamentales (como el derecho a la libertad religiosa y de culto) y el derecho a la libre expresión". Y parece que al hablar de libertad de expresión se refiere a la libertad de los "estudiantes progresistas" de comer bocadillos en la capilla e insultar al sacerdote y a los creyentes.

A uno, claro, se le hiela la sangre ante esa idea de progreso y de libertad. Ante ese doble rasero tolerancia/intolerancia. Y no queda sino entonar un réquiem por esta Europa vieja y automutilada, que se precipita hacia el abismo mientras, eso sí, deja que aún halaguen sus oídos los músicos desde cubierta, que repiten una y otra vez: "paz, progreso, tolerancia, i+d+i".

7 de enero de 2011

Da gusto



Comida, café y paseo con T., al que veo después de cinco meses de Erasmus. Cuatro horas de conversación tranquila, sin prisa, sin nada programado para después.

Da gusto tener amigos sin fronteras. Da gusto los viernes por la tarde. Da gusto escapar de la prisión que tantas veces nos construimos con el reloj, encerrando nuestras almas en cuadriculadas hojas excel.

Que se repita.

2 de diciembre de 2010

Encantar



El verbo encantar es un verbo bonito. Cuando algo nos encanta, de alguna manera nos alegra, nos hechiza, nos enajena. Interesante esa relación entre la palabra "encantar" y el campo semántico propio de los cuentos de hadas, de la magia liviana. Una persona encantadora nos mantiene de puntillas, nos eleva por encima de la prosa de cada día.

Entre tanto ruido y tanto cantamañanas, todos los días podemos descubrir detalles con encanto: un cielo raso con nubes bajas, frías, el michelín de la camarera, echar la quiniela un martes nublado, tomarse un poleo menta bien caliente.

Hay que dejarse encantar, abrirse a la sorpresa y a la magia. Que se mueran los tristes y los agoreros, con su patético aire de intelectuales enteradillos. Hace no mucho le leí al Papa: "escucha bien, tu cielo va contigo".

24 de noviembre de 2010

En el asilo



Con un grupo de estudiantes en un asilo de monjas. Todos muy alegres con sus batas y sus bandejas, dando de cenar a ancianos con alzehimer -pastillas, dentaduras postizas, olor a puré. Al final hubo hasta baile con los abuelos, que con tanta moza joven no sabía exactamente lo que estaba sucediendo. Las monjas, encantadas -como siempre, todo sea dicho. Creo que disfrutaron más y mejor que en cualquier fiestecilla de fin de semana (¿las fiestas no eran para celebrar algo?), con una alegría sencilla, serena, y bastante primaria. Dudo de si ellos mismos se dieron cuenta. No creo que ninguno de ellos repita la experiencia. Qué pena.

10 de noviembre de 2010

La protomoral

5 de la tarde. En un congreso de bioética un estudiantillo de tercero de filosofía perora sobre emociones, valores, principios, Max Weber, la dimensión axiológica, la capacidad estimativa y la protomoral. Inquietante esto de la protomoral. Y no sé si es que a mí me pesan en exceso los dos huevos fritos con patatas que me he comido, y por eso no entiendo nada, o que el estudiante es un pedante hablando de constructos intelectuales tan grandilocuentes como hueros. Pongo cara de interés, me llevo el índice a los labios en actitud reflexiva, entorno los ojos, y me sumo plácidamente en el sopor académico que reina en el salón de actos.
Antes de que me venza el sueño pienso en mi abuela: hay más sabiduría en dos huevos fritos y la siesta que en toda protomoral.

7 de noviembre de 2010

Dos horas leyendo...



Ayer me puse a leer a las cinco de la tarde. Quince minutos y me voy a estudiar, pensé. Pues bien, al rato se veía muy mal con la luz de la ventana, y encendí una lámpara. Al rato, habían pasado dos horas. Eran las siete y cuarto, noche cerrada. Tenía la sensación post-western de media tarde, sin ganas de hacer nada. Muy pronto para cenar. Muy tarde ya para aprovechar la tarde. Una vaga sensación de haber perdido el tiempo. Pero me rehice. Los hombres libres son los que pueden hacer esto: leer dos horitas de corrido sin interrupciones. Y así se salva Europa.

A ver si el sábado que viene repito.

19 de junio de 2010

Sólo contra el mundo




Ayer comiendo con amigos de la academia de inglés, me vi defendiendo el "no" al aborto frente a cinco mujeres. Incómoda posición.

"¿Prefieres que un niño nazca de padres drogadictos y viva debajo de un puente?", me espetó una de ellas. Cambiando de tema, otra afirmó que quiere tacharse de la Iglesia pero que no le dejan. Y otra, que más de la mitad de los Papas habían sido homosexuales, que lo había dicho un amigo suyo. Yo no sabía si reír o llorar.

Así que hoy vuelvo a mi rincón para dejar constancia de mi perplejidad. Esta ausencia de rigor intelectual y de sentido común traen a mi mente negros presagios.

He de aprender a hacer una paella antes de que sea demasiado tarde.

21 de abril de 2010

Esperar en casa del vecino



Aunque no era lo común, algunas veces sucedía. Uno se olvidaba la llave, o llegaba a casa a una hora imprevista, y no había ni el tato. La alternativa no era llorar, jugar con el móvil, sentarse a esperar o ir al bar. Era llamar al timbre del vecino (en mi caso, los reaño o los puerta) y poner cara de pena con una medio sonrisa.

Los primeros impactos siempre eran los mismos: las pantuflas del propietario y el olor característico de cada casa -ninguna casa huele igual-. Te servían una coca-cola y eras aparcado delante de la televisión, el ordenador, o algún juego de mesa. Al rato oías ruido en casa, te despedías educadamente y llamabas a casa. Sonrisa entre los padres -muchas gracias y tal- y a hacer los deberes o poner la mesa.

Me pregunto si en educación para la ciudadanía, además de explicar cómo ponerse un condón, explicarán este tipo de conductas vecinales. o a lo mejor son reminiscencias tardofranquistas, qué sé yo.

20 de abril de 2010

Etiquetas



Soy una VAV (Volcano Ashes Victim). Vine a Londres a un congreso y desde el sábado estoy esperando que abran el espacio aéreo. Durante el congreso conocí a un profesor español, bastante mayor que yo, y estos días hemos hecho juntos un poco de turismo.

Es toda una experiencia pasar un día entero con una persona a la que no conoces de nada. Se habla de cosas de lo más dispares, a veces anodinas, a veces interesantes. Hay que ir buscando puntos en común, para que la conversación no languidezca.

Inconscientemente, uno va tratando de situar a su interlocutor en alguna de las categorías en las que clasificamos a la gente. Yo tardé varias horas. Al final lo conseguí, cuando en un ciber café mi compañero consultó las noticias en la web de dos medios claramente posicionados ideológicamente.

Las etiquetas nos ayudan a saber con quién estamos y desde dónde nos hablan. Y por eso son interesantes. Pero empobrecen mucho nuestra permeabilidad, nos previenen y activan nuestros prejuicios.

Me encantó la experiencia de estar tanto tiempo con una persona sin saber qué etiqueta ponerle. Creo que le traté mejor, sin encasillarle de partida. Y aprendí muchas cosas.