6 de julio de 2020
Citas y notas al pie
"Se convendrá conmigo que las citas y notas al pie de página son la ortopedia de los libros, el sótano donde guardamos los fantasmas de nuestras lecturas, también a veces los soportales que usamos para guarecernos de la lluvia de los críticos".
Hoy lo he leído en el pórtico del libro "Maestros alemanes del Derecho público", de Francisco Sosa Wagner. Quién me iba a decir que en semejante tocho iba a leer algo tan bonito y divertido. Cojo aliento para la ascensión de 600 páginas que tengo por delante. Deseadme suerte.
26 de junio de 2020
El evangelio del bulldog francés
Durante años me he cruzado con ellos casi sin verlos, quizá con una mueca semiinconsciente de burla y desprecio.
En los últimos meses he reparado en su sorprendente fealdad, en sus andares grotescos -como de chulo enano-, en su asfixiante dificultad para respirar.
Hoy, al cruzarme con uno bastante sofocado, he tenido una iluminación: si tanta gente es capaz de tener cariño a esos engendros... ¿por qué no van a poder quererme a mí?
19 de junio de 2020
Sic transeat gloria mundi
Cogí la llamada desde un número desconocido.
Era M. A., un viejo conocido de Madrid. Tras las dos preguntas de cortesía de rigor, comenzó a contarme que está organizando unas jornadas para universitarios que se celebran este verano. Me preparé para la invitación. Ir a dar charlas y conferencias siempre supone un pequeño engorro, pero luego suele merecer la pena. Además, qué duda cabe, que a uno le tengan en cuenta siempre es halagador.
Mientras me iba contando los detalles de las jornadas - última semana de agosto, los pirineos- fui calculando mi disponibilidad esas fechas y pensando en el dinerito que me iban a pagar, al tiempo que preparaba las típicas respuestas de: "déjame que consulte el calendario", o, mejor todavía: "creo que esos días no tengo nada, aunque tendría que mirarlo". Fundamental no mostrar una disponibilidad ansiosa, perruna, ante las invitaciones, sino dar a entender que se acepta haciendo un pequeño esfuerzo, casi un favor. Además, en el pirineo en agosto seguro que se duerme bien, hasta con una mantita. Tendré que llevarme ya un jersey.
En éstas estaba cuando M. A. me preguntó si podía facilitarle el teléfono de un buen amigo mío, a quien tenían interés en invitar a las jornadas. Algo corrido -creo que no lo notó-, le facilité el teléfono, claro, y me ofrecí a hacerle la gestión.
Antes de colgar, todavía hubo tiempo de rebajar mi ya herido orgullo, porque M. A. me comentó dicharachero: "Oye, si te apetece venirte con él, podemos aprovechar algún hueco del horario y nos cuentas algo". Si te apetece. Algun hueco. Y nos cuentas "algo". Solo le faltó añadir: "pero no te pongas muy pesado". Fue sencillamente genial.
Al trasladar la invitación a mi amigo y contarle el malentendido, nos reímos juntos un rato. De mí, claro. "No te olvides de llevar un jerseicillo. Y no te confíes", le dije para zanjar el asunto, "el día que menos te esperes el telonero puede ser tú".
19 de mayo de 2020
El atractivo de un centro comercial
Afortunadamente, no tardamos mucho en toparnos con una fuente, dorada y verde. Mi salvación. A la pregunta retórica de mi amigo ("¿vas a beber de ahí?"), solo pude responder con un encogimiento de hombros. No soy mucho de beber en fuentes públicas, pero visto lo visto no tenía mucha opción. Además, pensé, no siempre hay que ponerse en lo peor: la gente es mínimamente civilizada y no viene a las fuentes del parque a lavarse los dientes o hacer guarrerías.
Superado el ataque de tos, pudimos reanudar nuestro paseo, que fue sencillamente delicioso. La tarde declinaba. Una luz tornasolada se filtraba entre las hojas de los árboles, acariciando las violetas flores de las jacarandas.
Ya casi salíamos del parque cuando lo vimos. Justo de frente. Un señor barrigudo, con camiseta de tirantes y una riñonera, apretaba el botón de la fuente, dorada y verde, mientras su perro pastor alemán restregaba su hocico –sus fauces- en la boca del surtidor.
Sentí un sabor metálico en la boca y un amago de retortijón
Una luz tornasolada se filtraba entre las hojas de los árboles, acariciando las violetas flores de las jacarandas.
16 de mayo de 2020
El arte de regalar libros
26 de abril de 2020
El tío sabía lo que hacía
21 de abril de 2020
Clics contra la humanidad
Dejo aquí como almacén algunos comentarios sobre este libro.
Libro: Clics contra la humanidad: Libertad y resistencia en el digital
James Williams
Breve resumen
Otro libro sobre cómo utilizar las herramientas digitales sin ser arrollados por las mismas. El autor repasa ideas ya conocidas sobre el entorno digital. Destaco algunas ideas.
En primer lugar, es original el ejemplo que pone de la antigua Grecia, al hablar del mítico encuentro entre Diógenes y Alejandro, cuando éste promete a aquél satisfacer cualquiera de sus deseos, y el filósofo se limita a responderle: “apártate del sol, que me haces sombra”. El autor afirma que las herramientas digitales –más poderosas de lo que nunca soñó con ser Alejandro- se nos acercan y nos ofrecen todo tipo de promesas, pero a menudo tapan el sol de nuestros deseos más profundos: qué queremos hacer, quiénes queremos ser. Educadamente, deberíamos decirles: por favor, apartaros de nuestros sueños.
El autor denuncia una visión adversarial de la tecnología, planteada en términos: los desarrolladores de aplicaciones quieren nuestra atención; nosotros queremos otra cosa; veamos cómo podemos resistirles. Sus objetivos son: más clics, más conversiones, más tiempo en la página; los nuestros: pasar tiempo con la familia; hacer un deporte; aprender a tocar un instrumento musical… Y propone que las personas implicadas en dicha industria deberían alinear sus objetivos con los nuestros, y desarrollar aplicaciones que nos ayuden a llegar a ser las personas con las que soñamos, sin reemplazar nuestros objetivos por los suyos. Para ello, propone una suerte de juramento hipocrático para los diseñadores de aplicaciones. Afirma que no es ludita, que ama la tecnología. Pero que esta debe ponerse de nuestra parte. Investigar cuáles son nuestros fines, qué hace una vida humana más significativa, y comprometerse a ayudar a los usuarios a perseguir dichos fines.
Ahondando en la idea de la tecnología como oscurecedora de nuestras luces, dice que esto lo hace a tres niveles. Al nivel más superficial, distrayéndonos de lo que queremos hacer en un momento determinado (distorsionan nuestro hacer); en un nivel más profundo, dificultándonos llegar a ser quiénes queremos ser, invitándonos a metas cortoplacistas sobre objetivos más arduos y a largo plazo (distorsionan nuestro ser); y, finalmente, alterando nuestras facultades cognitivas (reflexión, memoria, razonamiento) (distorsionan nuestro saber o nuestro poder hacer las cosas). Para ello, las tecnologías explotan nuestros impulsos e ignoran nuestras intenciones, aprovechándose del hambre casi infinita que tenemos de distracciones (en frase de Huxley).
El autor subraya la importancia de defender nuestra atención en el actual contexto. En este sentido, sostiene que estaría bien cambiar nuestra manera de referirnos a ciertas tecnologías digitales, y en lugar de llamarlas tecnologías de la información, llamarlas tecnologías de la atención o de la distracción. También señala que los poderes públicos se han fijado mucho en la protección de datos personales, pero han obviado la cuestión de la protección de la atención. Y dice que para ser protagonista de la propia vida hemos de ser dueños de nuestra atención. A la hora de embridar el poder de estas herramientas, es importante atender a sus efectos sobre nuestra atención; que, no es otra cosa que su influencia sobre nuestra alma. Secuestrar nuestra atención equivale a secuestrar nuestra alma, nuestra voluntad. Esta línea argumental la aplica tanto al individuo como a las sociedades, destacando el riesgo que para las democracias implica la falta de atención para atender y resolver los problemas reales.
Luchar contra la esclavitud de nuestra atención es probablemente el desafío moral y político más importante de nuestra época. La atención es el terreno de la principal batalla. Como concluye el libro, “el grado de libertad que disfrutamos depende de cuánto estemos dispuestos a luchar para controlar nuestra atención”.
Citas
GPS defectuoso. Imagina un GPS que no te lleva a donde tú quieres, sino a otro lugar. ¿Qué te parecería? Muchas herramientas digitales responden a esa lógica.
54. Odio convertirme en una persona impulsiva y débil de voluntad, pero continuo repitiendo las conductas que me hacen así, para encontrar una consolación que sé que es pasajera e ilusoria.
61. Nuestra experiencia del mundo se ha convertido en un flujo infinito de recompensas informativas. Todo compite por nuestra atención.
65. Cita de Churchill (hablando de la extensión mundial del inglés). Los imperios del futuro son los imperios de la mente.
70. No estamos preparados para percibir –y menos aún para luchar- contra estas fuerzas de la persuasión que modelan tan profundamente nuestra atención, nuestras acciones y nuestra vida. Los imperios del presente son los imperios de la mente. Consecuentemente: (no literal): la libertad del futuro es la libertad de la mente.
79. Atención. Pagamos con nuestra atención por la posibilidad de una sorpresa.
89. A un nivel profundo, la cuestión de la atención se convierte en la cuestión de tener la libertad de vivir la vida como queremos, a todos los niveles de la experiencia humana.
130 y ss. Esta economía de la atención magnifica lo negativo y lo controvertido, arrojando una imagen distorsionada de la realidad y amplificando la indignación. Nos dificulta vivir juntos.
144. Asistimos a un proyecto global de persuasión industrializada. (…) 146. Son los nuevos imperios de la mente, y nuestra relación con ellos es de esclavitud atencional.
154. El territorio de la primera batalla por la atención es el del diseño de las tecnologías digitales. Hay que luchar para que las tecnologías estén de nuestra parte. (155).
190. El principal desafío ético, en el que hay que poner el acento, no es en la gestión de la información (la protección de datos), sino en la gestión de la atención.






